El es un tipo de virus perteneciente a la familia Picornaviridae y al género Enterovirus, siendo una de las principales causas de las infecciones del tracto respiratorio superior en humanos, especialmente del raffreddore comune, responsable de aproximadamente el 35-50 % de todos los casos. Este virus, cuyo nombre proviene del griego rhinos (nariz), se replica óptimamente a temperaturas de 33-35 °C, típicas del interior de la nariz, lo que explica su tropismo por las vías respiratorias superiores [1]. Con más de 160 genotipos identificados, distribuidos en tres especies principales —RV-A, RV-B y RV-C—, su elevada variabilidad genética dificulta el desarrollo de inmunidad duradera y de vacunas efectivas [2]. Aunque la mayoría de las infecciones son leves y autolimitadas, durando entre 7 y 10 días, el rinovirus puede desencadenar complicaciones graves como bronquitis aguda, bronquiolitis, sinusitis y otitis media, y es un importante desencadenante de exacerbaciones en pacientes con enfermedades respiratorias crónicas como asma y BPCO [3]. La transmisión ocurre principalmente por vía de gotitas respiratorias, contacto directo con secreciones infectadas o superficies contaminadas, siendo más frecuente en ambientes cerrados y durante los meses más fríos [4]. No existe un tratamiento antiviral específico ni vacuna aprobada, por lo que la prevención se basa en medidas de higiene como el lavado frecuente de manos, el uso de soluciones hidroalcohólicas y la desinfección de superficies [2]. La detección del virus se realiza principalmente mediante técnicas de PCR en tiempo real, consideradas el estándar de oro por su alta sensibilidad y especificidad, especialmente en contextos clínicos complejos como exacerbaciones de asma o BPCO [6]. A nivel epidemiológico, el sistema de vigilancia RespiVirNet en Italia y otros programas internacionales monitorean la circulación viral, mostrando que el rinovirus representa hasta el 50 % de los episodios virales respiratorios detectados, a menudo superando a otros patógenos como SARS-CoV-2 o el VRS [7].

Características biológicas y estructurales

Los son virus pertenecientes a la familia Picornaviridae y al género Enterovirus, caracterizados por una estructura y biología únicas que determinan su capacidad de infectar las vías respiratorias superiores. Estas características incluyen una organización estructural específica, un genoma altamente variable y mecanismos de entrada y replicación adaptados a su nicho biológico.

Estructura del virión

Los rinovirus son virus no envueltos, lo que significa que carecen de una envoltura lipídica, y poseen un capside icosaédrico de aproximadamente 30 nm de diámetro. Este capsid está compuesto por 60 unidades estructurales, cada una formada por cuatro proteínas virales: VP1, VP2, VP3 y VP4 [8]. La simetría icosaédrica confiere al virus una notable estabilidad ambiental, aunque es sensible a temperaturas elevadas. El capsid encapsula un genoma de ARN monocatenario de sentido positivo, con una longitud de entre 7,2 y 7,5 kb [1]. Este genoma contiene una única región codificante que se traduce en una poliproteína precursora, posteriormente escindida en proteínas estructurales (VP1–VP4) y no estructurales implicadas en la replicación viral [10].

Una característica distintiva es la presencia de una profunda cavidad hidrofóbica en la proteína VP1, que actúa como sitio de unión para receptores celulares y es un blanco para ciertos antivirales. Sin embargo, muchos rinovirus, especialmente los de la especie C, carecen de esta cavidad funcional, lo que limita la eficacia de inhibidores como el pleconaril [11].

Genoma y variabilidad genética

El genoma del rinovirus presenta una elevada variabilidad genética, resultado de mutaciones puntuales y recombinación entre cepas [11]. Esta diversidad ha llevado a la clasificación en tres especies principales: RV-A, RV-B y RV-C, con más de 160 genotipos identificados (aproximadamente 80 en RV-A, 32 en RV-B y al menos 55 en RV-C) [13]. Esta heterogeneidad antigénica impide la inducción de inmunidad duradera y explica la frecuencia de reinfecciones [14]. La elevada diversidad sierotípica también representa un desafío para el desarrollo de vacunas y tratamientos antivirales universales.

Mecanismos de entrada y replicación

La capacidad infectiva de los rinovirus depende de su mecanismo de entrada celular. Aproximadamente el 90 % de los serotipos de RV-A y RV-B utilizan como receptor primario la molécula ICAM-1 (molécula de adhesión intercelular 1), expresada en las células epiteliales de las vías respiratorias [15]. La interacción entre el capsid viral y ICAM-1 induce reorganizaciones estructurales en el virión, exponiendo el extremo N-terminal de VP1 y liberando VP4, lo que facilita la formación de un poro en la membrana endosomal [16]. El virus entra en la célula mediante endocitosis mediada por receptor, y en el endosoma ácido, el genoma viral se libera al citoplasma a través del poro formado [17]. El ARN viral, al ser de sentido positivo, actúa directamente como ARNm y se traduce por los ribosomas celulares gracias a un elemento interno de entrada del ribosoma (IRES) presente en la región 5’ no traducida, lo que permite una síntesis rápida de proteínas virales incluso en condiciones de estrés celular [10].

Termolabilidad y tropismo tisular

Una característica biológica clave es la termolabilidad de los rinovirus: se replican óptimamente a temperaturas de 33–35 °C, típicas de la nariz, pero de forma reducida a 37 °C, temperatura de las vías respiratorias inferiores [19]. Esto explica su tropismo por las vías respiratorias superiores y su asociación con el raffreddore comune, a diferencia de virus como el influenza o el VRS, que replican eficazmente a temperaturas más altas y pueden causar enfermedades más graves en las vías inferiores [20]. Esta preferencia por temperaturas más bajas también afecta la respuesta inmunitaria, ya que a estas temperaturas se observa una producción reducida de interferones, lo que facilita la evasión inmune [21].

Diferenciación de otros virus respiratorios

Los rinovirus se distinguen de otros virus respiratorios por varias características clave:

  • Ausencia de envoltura, lo que los hace más resistentes a desinfectantes pero más sensibles al calor.
  • Elevado número de serotipos, lo que dificulta el desarrollo de vacunas efectivas.
  • Replicación preferencial a temperaturas más bajas, limitando su tropismo a las vías aéreas superiores.
  • Entrada celular mediada por ICAM-1 o LDLR, a diferencia de otros virus como el VRS (receptor CX3CR1) o SARS-CoV-2 (receptor ACE2) [22].

En resumen, las características estructurales y biológicas de los rinovirus —como su capsid icosaédrico, termolabilidad, alta diversidad genética y mecanismo de entrada mediado por receptores específicos— determinan su amplia distribución, su capacidad de causar reinfecciones y su papel predominante en las infecciones de las vías respiratorias superiores.

Clasificación y patogenia de las especies virales

Los pertenecen a la familia Picornaviridae y al género Enterovirus, donde se clasifican en tres especies principales: Rhinovirus A (RV-A), Rhinovirus B (RV-B) y Rhinovirus C (RV-C) [23]. Esta clasificación, establecida por el Comité Internacional para la Tassonomia dei Virus (ICTV), se basa en análisis filogenéticos del genoma viral, especialmente en las regiones que codifican las proteínas capsidicas (VP1, VP2, VP3) y la región 5' no traducida (5' UTR), altamente conservada y utilizada en pruebas diagnósticas moleculares [24]. Hasta la fecha, se han identificado más de 160 genotipos distintos, distribuidos en aproximadamente 83 tipos para RV-A, 32 para RV-B y al menos 56 para RV-C [25]. El descubrimiento de RV-C en 2006 fue posible gracias a técnicas de secuenciación del genoma sin amplificación dirigida, lo que explica su identificación tardía frente a las otras especies [26].

Patogenia y diferencias clínicas entre las especies virales

Las tres especies de presentan diferencias significativas en su patogenia, severidad clínica y asociación con enfermedades respiratorias crónicas. RV-A está asociado con infecciones más graves y es frecuentemente implicado en exacerbaciones de patologías como asma y BPCO [1]. Algunos serotipos de RV-A causan síntomas más intensos, incluyendo wheezing (respiración sibilante) y una duración prolongada de los síntomas [28]. En contraste, RV-B tiende a provocar infecciones más leves y a menudo asintomáticas, con menor asociación a complicaciones respiratorias graves [1]. Sin embargo, ciertos serotipos pueden contribuir a exacerbaciones en individuos predispuestos, aunque con un impacto clínico generalmente menor.

La especie más patógena es RV-C, que se ha relacionado con infecciones respiratorias más severas, especialmente en niños, con una alta incidencia de bronquiolitis, neumonía y hospitalizaciones [30]. RV-C es un agente clave en las exacerbaciones agudas de asma y BPCO, desempeñando un papel fundamental en la inflamación de las vías aéreas y en el deterioro de la función respiratoria [31]. Estudios indican que RV-C es más frecuente que RV-A y RV-B en episodios de asma grave pediátrica y en pacientes con baja función pulmonar crónica [32]. Su alta contagiosidad y capacidad de replicarse eficazmente en las vías respiratorias inferiores lo convierten en un patógeno de gran relevancia clínica.

Mecanismos de entrada y replicación viral

La capacidad infectiva de los está estrechamente ligada a su mecanismo de entrada celular. Aproximadamente el 90% de los serotipos de RV-A y RV-B utilizan como receptor primario la molécula ICAM-1 (molécula de adhesión intercelular 1), expresada en las células epiteliales de las vías respiratorias [15]. La interacción entre el capside viral y ICAM-1 induce reorganizaciones estructurales en el virión, facilitando la formación de un poro en la membrana endosomal y la liberación del genoma viral en el citoplasma [16]. El virus entra mediante endocitosis mediada por receptores, y dentro del endosoma ácido, el RNA viral es liberado. Dado que el genoma es de sentido positivo, actúa directamente como ARNm y se traduce mediante un elemento de entrada interna del ribosoma (IRES) en la región 5' no traducida, permitiendo una síntesis rápida de proteínas virales incluso en condiciones de estrés celular [10].

Evasión de la respuesta inmunitaria innata

Los han desarrollado sofisticados mecanismos para evadir la respuesta inmunitaria innata. Uno de los principales es la inhibición de la producción de interferones de tipo I (IFN-α/β), cruciales para la defensa antiviral. Los virus bloquean la activación del factor de transcripción IRF-3, necesario para inducir los IFN, comprometiendo así la respuesta antiviral [36]. Además, la proteasa 3C del virus degrada proteínas celulares clave en las vías de señalización inmunitaria, como TRIF, MAVS e IRF-7, desactivando precocemente las defensas celulares [37]. Esta inmunoevasión es particularmente eficaz en pacientes con enfermedades respiratorias crónicas, donde la respuesta interferónica ya está comprometida, lo que permite una replicación viral más intensa y una inflamación más grave [38].

Implicaciones clínicas y diagnóstico

La clasificación en especies A, B y C tiene un significado clínico relevante. Mientras todas causan el raffreddore comune, RV-A y especialmente RV-C están asociados con enfermedades más graves y complicaciones respiratorias en pacientes con asma o BPCO [39]. La detección molecular mediante PCR en tiempo real permite identificar el genoma viral, aunque la cross-reattività con los enterovirus puede complicar la identificación específica, requiriendo secuenciación genética para una clasificación precisa [40]. En Italia, la vigilancia virológica se realiza a través del sistema RespiVirNet, que monitorea la circulación estacional y la diversidad genética de los virus respiratorios, incluyendo los diferentes genotipos de RV-A, RV-B y RV-C [41].

Transmisión y factores epidemiológicos

El se transmite fácilmente entre personas a través de múltiples vías, siendo las más comunes las goccioline respiratorias, el contatto directo y el contatto con superficies contaminadas. Cuando una persona infectada tose, estornuda o habla, libera pequeñas gotas de saliva o moco que contienen el virus y pueden ser inhaladas por individuos cercanos [4]. Estas partículas, generalmente mayores de 5–10 micrones, se depositan rápidamente en superficies cercanas o en las mucosas de los ojos, nariz o boca de otras personas. Además, estudios recientes sugieren que el virus también puede transmitirse por aerosoles más pequeños (inferiores a 5 micrones), que permanecen suspendidos en el aire por más tiempo, especialmente en ambientes cerrados y poco ventilados [43].

El virus puede sobrevivir varias horas e incluso días en superficies como manijas, teléfonos, juguetes o mesas, dependiendo del material y las condiciones ambientales [44]. La transmisión indirecta ocurre cuando una persona toca una superficie contaminada y luego se lleva las manos a la cara, permitiendo que el virus ingrese al organismo por la nariz o la boca [45]. Este mecanismo es particularmente relevante en entornos como escuelas, guarderías y hogares, donde el contacto frecuente con objetos compartidos facilita la propagación [46]. La transmisión también puede ocurrir por contacto directo, como un apretón de manos con una persona infectada, que luego toca su propia cara [47].

La persona es más contagiosa durante los primeros 2-3 días después del inicio de los síntomas, aunque puede seguir transmitiendo el virus durante varios días más, incluso después de que los síntomas disminuyen [45]. Esta alta transmisibilidad, combinada con la ausencia de inmunidad duradera debido a la gran diversidad de serotipos, permite que las infecciones por rinovirus sean recurrentes a lo largo de la vida [2].

Factores ambientales y estacionales

La transmisión del rinovirus está fuertemente influenciada por factores ambientales como la temperatura y la humedad relativa. El virus se replica óptimamente a temperaturas de 33-35 °C, típicas del interior de la nariz, lo que favorece su persistencia en las vías respiratorias superiores [50]. Además, el virus sobrevive mejor en ambientes frescos y secos, condiciones comunes durante los meses más fríos. La baja humedad relativa (≤23%) aumenta significativamente la infectividad del virus en el aire, mientras que una humedad superior al 43% reduce su supervivencia viral [51]. Mantener una humedad relativa del entorno cercana al 40% se recomienda para limitar la propagación [51].

La estacionalidad del rinovirus también es un factor clave. A diferencia de otros virus respiratorios como la , que presenta un pico marcado en invierno, el rinovirus circula principalmente en otoño y primavera, aunque puede detectarse durante todo el año [53]. En Italia, el sistema de vigilancia ha registrado picos importantes en octubre y noviembre, seguidos de un segundo aumento en primavera [54]. Durante la temporada 2024-2025, el rinovirus representó una proporción significativa de los virus respiratorios detectados, superando a veces a otros patógenos como el SARS-CoV-2 [55].

Grupos de riesgo y carga sanitaria

Aunque la mayoría de las infecciones por rinovirus son leves, ciertos grupos poblacionales tienen un riesgo elevado de desarrollar formas graves. Los niños pequeños, especialmente los menores de cinco años, son los más afectados, con tasas de infección que alcanzan hasta 50 casos por cada 1.000 personas atendidas en la semana más crítica [56]. Esta susceptibilidad se debe a la inmadurez del sistema inmunitario y a la exposición frecuente en entornos colectivos como guarderías y escuelas [57].

Los ancianos y las personas con enfermedades crónicas preexistentes, como asma, BPCO, enfermedades cardíacas o inmunodeficiencias, también están en mayor riesgo de complicaciones graves, incluyendo bronquitis, bronquiolitis, sinusitis y otitis media [3]. En estos individuos, el virus puede extenderse a las vías respiratorias inferiores, causando polmonía o exacerbaciones que requieren hospitalización [59].

El rinovirus es un importante desencadenante de exacerbaciones en pacientes con enfermedades respiratorias crónicas. En el caso del , más del 80 % de las exacerbaciones en niños están asociadas a infecciones virales, y los rinovirus son responsables del 60-80 % de estos casos [60]. En la , los rinovirus son uno de los agentes virales más frecuentemente identificados durante las exacerbaciones agudas, contribuyendo a un deterioro funcional, aumento de la morbilidad y mayor uso de recursos sanitarios [61].

Vigilancia y modelos epidemiológicos

La vigilancia del rinovirus se realiza mediante sistemas integrados como en Italia, coordinado por el Istituto Superiore di Sanità y el Ministerio de Salud [41]. Este sistema combina datos epidemiológicos de médicos de atención primaria con análisis virológicos de laboratorios de referencia, permitiendo monitorear la circulación viral, identificar genotipos circulantes y evaluar el impacto clínico [41]. A nivel global, aunque no existe un sistema centralizado como el de la Organización Mundial de la Salud, la vigilancia ambiental, como el análisis de aguas residuales, ha permitido detectar la presencia del virus incluso en ausencia de síntomas clínicos [64].

Para predecir las epidemias, se utilizan modelos matemáticos como el modelo SIR (Suscetibles–Infectados–Recuperados), que simula la dinámica de transmisión en poblaciones cerradas [65]. Sin embargo, la gran diversidad genética del rinovirus (más de 160 genotipos) y la falta de inmunidad duradera complican la modelización [66]. Estos modelos ayudan a evaluar el impacto de medidas de prevención, como el lavado de manos y la ventilación de ambientes cerrados, y a planificar la respuesta sanitaria ante picos de infección [67].

Síntomas, evolución y complicaciones clínicas

Los síntomas más comunes asociados a una infección por incluyen congestión nasal, rinorrea (secreción nasal), estornudos, dolor de garganta, tos seca, malestar general y, en algunos casos, fiebre leve, especialmente en niños [2]. La tos puede persistir incluso después de la resolución de otros síntomas, durando hasta 10-15 días en ciertos individuos [69]. Además, se pueden presentar dolores de cabeza, dolores musculares y una reducción temporal del sentido del olfato, así como dolor facial debido a la inflamación de los senos paranasales [70]. Estos signos suelen aparecer entre 12 y 72 horas tras la exposición al virus, con un pico de intensidad que se alcanza generalmente entre el primer y tercer día de infección [71].

Evolución de la infección

La evolución típica de una infección por dura entre 7 y 10 días, aunque puede prolongarse hasta dos semanas, particularmente en personas con sistemas inmunitarios debilitados o en niños [72]. En los primeros días, los síntomas son más intensos, coincidiendo con la máxima carga viral y el período de mayor contagiosidad [73]. Las secreciones nasales comienzan siendo claras y acuosas, pero con el tiempo pueden volverse más espesas y opacas [70]. La gravedad y duración de los síntomas dependen en gran medida de la respuesta inmunitaria individual, especialmente de la rapidez con la que las células nasales responden al virus [75].

Complicaciones clínicas

Aunque la mayoría de las infecciones son leves y autolimitadas, el puede causar complicaciones graves, especialmente en poblaciones vulnerables como neonatos, ancianos o personas con enfermedades crónicas [3]. Entre las complicaciones más frecuentes se encuentran la bronquitis aguda, la bronquiolitis, la sinusitis y la otitis media, que suelen surgir como consecuencia de la obstrucción de las vías respiratorias y la acumulación de secreciones [3]. En niños pequeños, el virus puede desencadenar wheezing (sibilancias) y está fuertemente asociado con el desarrollo de asma persistente [78].

En pacientes con enfermedades respiratorias preexistentes, como asma o BPCO, el rinovirus es un desencadenante común de exacerbaciones agudas [2]. Estas exacerbaciones pueden provocar un deterioro significativo de la función pulmonar, aumento de la disnea, tos productiva y necesidad de hospitalización [61]. En individuos inmunocomprometidos, la infección puede extenderse a las vías respiratorias inferiores, causando neumonía o infecciones sistémicas [81]. La especie RV-C ha sido identificada como la más patógena, asociada a infecciones más graves, especialmente en niños, con una alta incidencia de hospitalización por bronquiolitis o neumonía [30].

Diagnóstico molecular y vigilancia virológica

El diagnóstico preciso y la vigilancia virológica del rinovirus son fundamentales para comprender su impacto epidemiológico, guiar la gestión clínica en pacientes vulnerables y orientar las políticas de salud pública. Aunque la mayoría de las infecciones se resuelven de forma espontánea, la detección del virus mediante técnicas moleculares es crucial en contextos específicos, especialmente en individuos con enfermedades respiratorias crónicas o en entornos epidemiológicos complejos. La combinación de métodos diagnósticos altamente sensibles con sistemas de vigilancia integrados permite una respuesta proactiva a la circulación viral y a sus complicaciones.

Métodos diagnósticos moleculares: PCR en tiempo real como estándar de oro

El método diagnóstico más sensible y específico para detectar el rinovirus es la reacción en cadena de la polimerasa en tiempo real (RT-PCR), considerada el estándar de oro en laboratorio [6]. Esta técnica permite la amplificación y detección del ARN viral a partir de muestras clínicas, generalmente obtenidas mediante un tampón nasofaríngeo. La RT-PCR ofrece una sensibilidad y especificidad superiores al 95 %, lo que la convierte en una herramienta esencial para identificar el virus incluso en presencia de cargas virales bajas o en individuos asintomáticos [6].

En comparación con otros métodos, como la cultura viral o los test antigénicos rápidos, la PCR presenta ventajas significativas. La cultura viral tiene una sensibilidad limitada, ya que el rinovirus es difícil de cultivar in vitro y requiere tiempos prolongados (hasta 7-10 días), mientras que los test rápidos son menos sensibles y no siempre distinguen entre diferentes patógenos respiratorios [85]. La PCR, por el contrario, proporciona resultados en cuestión de horas y puede detectar variantes genéticamente diversas del virus, lo que es fundamental dada su elevada variabilidad [86].

Aplicación clínica de la PCR: cuándo es fundamental el diagnóstico molecular

Aunque la mayoría de los casos de raffreddore comune se diagnostican clínicamente sin necesidad de confirmación de laboratorio, la PCR adquiere un papel crucial en varios contextos clínicos específicos. En primer lugar, es esencial para confirmar el papel del rinovirus como desencadenante de exacerbaciones de asma, especialmente en niños y adultos con asma preexistente [87]. La detección del virus mediante PCR permite guiar estrategias terapéuticas y de prevención, optimizando así la gestión de la enfermedad [88].

Asimismo, la PCR es fundamental en el diagnóstico de riacutizaciones de la broncopneumopatia cronica ostruttiva (BPCO), donde las infecciones virales, incluidas las del rinovirus, son responsables de una proporción significativa de los episodios agudos [89]. Identificar el patógeno mediante PCR ayuda a diferenciar entre causas virales y bacterianas, evitando el uso inadecuado de antibióticos y permitiendo una gestión clínica más precisa [61].

En pacientes inmunocomprometidos o con patologías respiratorias crónicas subyacentes, el rinovirus puede causar infecciones de las vías respiratorias inferiores, como bronquitis o neumonía. En estos casos, el diagnóstico molecular es indispensable para el seguimiento y control de la infección [91]. Además, en contextos epidemiológicos o nosocomiales, los paneles multiplex PCR que incluyen el rinovirus junto con otros patógenos respiratorios (como influenza, SARS-CoV-2, VRS, adenovirus, etc.) son herramientas clave para una diagnóstico diferencial rápido y eficiente [92]. Estos paneles permiten detectar simultáneamente hasta 18 virus respiratorios en una sola muestra, mejorando considerablemente la eficacia diagnóstica [93].

Sistemas de vigilancia virológica: monitoreo de la circulación viral

La vigilancia virológica del rinovirus es esencial para comprender su epidemiología y prevenir brotes. En Italia, este monitoreo se realiza a través del sistema RespiVirNet, coordinado por el Instituto Superior de Salud (ISS) en colaboración con el Ministerio de Salud [41]. Este sistema integrado combina vigilancia epidemiológica, realizada por médicos de atención primaria y pediatras, con vigilancia virológica, llevada a cabo por laboratorios de referencia regionales que analizan muestras para identificar virus respiratorios, incluidos los rinovirus [41].

Los datos se publican semanalmente en el boletín RespiNews de EpiCentro, proporcionando información actualizada sobre la incidencia de infecciones respiratorias agudas (IRA) y la prevalencia de diferentes virus. Por ejemplo, en noviembre de 2024, la positividad al rinovirus fue del 9,2 %, confirmando su circulación significativa durante la temporada otoñal [55]. A nivel global, aunque no existe un sistema centralizado de la OMS dedicado exclusivamente al rinovirus, su circulación se monitorea indirectamente a través de redes de vigilancia integradas, y estudios de aguas residuales han permitido detectar su presencia incluso en ausencia de síntomas clínicos [64].

Modelos matemáticos y predicción de epidemias

Los modelos matemáticos, como el modelo SIR (Suscetibles–Infectados–Recuperados) y el modelo SEIR (Suscetibles–Expuestos–Infectados–Recuperados), se utilizan para simular la dinámica de transmisión del rinovirus y predecir epidemias [65]. Estos modelos permiten estimar parámetros clave como el número de reproducción básico (R0), que indica cuántos nuevos casos genera un individuo infectado, y el tasa de reproducción efectivo (Rt), que se monitorea en tiempo real para prever el curso de las olas epidémicas [99].

La integración de estos modelos con datos de vigilancia como los de RespiVirNet permite prever picos epidémicos, evaluar el impacto de medidas de prevención (como el lavado de manos o el distanciamiento social) y optimizar la planificación de recursos sanitarios [100]. Algoritmos de predicción, como el proyecto Influcast, apoyan la toma de decisiones en salud pública al modelar el impacto de las epidemias sobre el sistema sanitario [101].

Eficacia y limitaciones de las estrategias de vigilancia

Las actuales estrategias de vigilancia son eficaces en la detección y monitoreo de la circulación del rinovirus, especialmente gracias a sistemas integrados como RespiVirNet. Sin embargo, presentan limitaciones inherentes a la naturaleza del virus, como su elevada variabilidad genética y su frecuente co-circulación con otros virus respiratorios [56]. La cruz-reactividad con los enterovirus en las pruebas moleculares también puede complicar la identificación específica del rinovirus, requiriendo en algunos casos la secuenciación genética para una clasificación precisa a nivel de especie [40].

A pesar de estas limitaciones, la vigilancia integrada proporciona datos esenciales para la planificación sanitaria, la información al público y la implementación de medidas preventivas. La vigilancia continua es fundamental para comprender mejor la difusión, la estacionalidad y el impacto epidemiológico del rinovirus, apoyando así decisiones informadas en salud pública [41].

Papel en enfermedades respiratorias crónicas

El desempeña un papel central en la exacerbación de enfermedades respiratorias crónicas, siendo uno de los principales desencadenantes de episodios agudos en condiciones como el asma y la BPCO. Aunque la infección por rinovirus suele manifestarse como un raffreddore comune de carácter leve, en individuos con patologías respiratorias preexistentes puede provocar un deterioro significativo de la función pulmonar, aumentar la morbilidad y elevar el riesgo de hospitalización [105].

Exacerbaciones del asma

Las infecciones por rinovirus son la causa viral más frecuente de exacerbaciones asmáticas agudas, especialmente en la infancia. Estudios epidemiológicos indican que más del 80 % de las exacerbaciones asmáticas en niños están asociadas a infecciones virales, y entre ellas, los rinovirus representan aproximadamente el 60-80 % de los casos identificados [60]. En adultos, también se detectan con frecuencia durante los episodios de agravamiento, particularmente en las temporadas de otoño e invierno.

El riesgo de exacerbación es especialmente alto cuando la infección por rinovirus se superpone a una sensibilización alérgica. En estos casos, la exposición simultánea al virus y a alérgenos amplifica la respuesta inflamatoria de las vías respiratorias, lo que conduce a broncoespasmo, hipersecreción mucosa y obstrucción de las vías aéreas [60]. Además, infecciones recurrentes por rinovirus en la primera infancia, especialmente por el rinovirus C (RV-C), se han relacionado con un mayor riesgo de desarrollar asma persistente en la edad pediátrica [78]. Un seguimiento realizado un año después de una bronquiolitis por rinovirus mostró una alta incidencia de sibilancias recurrentes, lo que sugiere un vínculo entre la infección temprana y la inestabilidad de las vías respiratorias [109].

Exacerbaciones de la BPCO

En la BPCO, las exacerbaciones agudas son eventos críticos que aceleran el declive de la función pulmonar y aumentan la mortalidad. Los rinovirus son uno de los patógenos virales más frecuentemente aislados durante estos episodios, junto con el virus de la influenza y el VRS [61]. Estudios prospectivos confirman que las infecciones por rinovirus están asociadas a un empeoramiento significativo de la disnea, la tos y la producción de esputo [111].

Estas exacerbaciones virales, en particular las provocadas por rinovirus, pueden derivar en complicaciones graves como insuficiencia respiratoria aguda e ingreso hospitalario [112]. La gestión clínica requiere un diagnóstico temprano, que a menudo incluye espirometría, pulsioximetría y análisis de gasometría sanguínea para evaluar la magnitud del daño funcional [113].

Mecanismos inmunopatogenéticos

Los mecanismos subyacentes a las exacerbaciones por rinovirus en pacientes con asma o BPCO son complejos y comprenden alteraciones tanto en la respuesta inmunitaria innata como en la adaptativa.

Respuesta inmunitaria innata comprometida

Las células epiteliales de las vías respiratorias son el principal sitio de replicación del rinovirus. En pacientes con asma o BPCO, estas células presentan una respuesta antiviral innata comprometida, con una producción reducida de interferones de tipo I (IFN-β) y tipo III (IFN-λ). Esta deficiencia impide un control eficaz de la replicación viral, favoreciendo una carga viral más elevada y una infección más prolongada [114].

Al mismo tiempo, las células epiteliales infectadas liberan citocinas de alarma como IL-25, IL-33 y TSLP (timic stromal lymphopoietin), que activan las células linfoides innatas de tipo 2 (ILC2). Estas células promueven una respuesta inflamatoria de tipo Th2, caracterizada por la producción de IL-4, IL-5 e IL-13, mediadores clave en la inflamación eosinófila, la hiperreactividad bronquial y la producción de moco [114].

Evasión inmunitaria y modulación de la respuesta

El rinovirus puede evadir el sistema inmunitario al inducir la expresión de moléculas inmunosupresoras como PD-1 (programmed cell death 1) en linfocitos T y células dendríticas, lo que conduce a una respuesta inmune ineficaz y a la persistencia de la infección [116]. Además, los macrófagos alveolares en pacientes con BPCO muestran una capacidad fagocítica reducida y una producción alterada de citocinas, contribuyendo a una respuesta inflamatoria desordenada y crónica [117].

Inflamación de las vías respiratorias y daño tisular

La infección por rinovirus amplifica la inflamación preexistente de las vías respiratorias, con reclutamiento de neutrófilos, eosinófilos y linfocitos T. La liberación de quimiocinas como IL-8 (CXCL8) y RANTES (CCL5) favorece la llegada de células inflamatorias, aumentando la obstrucción y la reactividad bronquial [118]. Este proceso es particularmente marcado en personas con asma alérgica, donde la respuesta Th2 ya está activada.

Implicaciones clínicas y gestión

La prevención de las exacerbaciones por rinovirus requiere un enfoque multifactorial:

  • Control óptimo de la enfermedad de base, mediante el uso regular de corticosteroides inhalados y broncodilatadores.
  • Vacunación anual contra la gripe, que aunque no específica para el rinovirus, reduce el riesgo de infecciones virales superpuestas.
  • Higiene de manos y medidas de distanciamiento durante los picos epidémicos de otoño/invierno.
  • Monitoreo temprano de los síntomas para activar tratamientos precoces (por ejemplo, corticosteroides orales, aumento de la terapia broncodilatadora).

Estudios recientes han evaluado la eficacia del tratamiento con corticosteroides sistémicos en exacerbaciones por rinovirus en niños hospitalizados, mostrando un beneficio en el control de los síntomas, aunque con efectos limitados sobre la carga viral [119].

Estrategias de prevención y tratamiento

La prevención y el tratamiento de las infecciones por se basan principalmente en medidas de higiene y en el manejo sintomático, ya que actualmente no existe un tratamiento antiviral específico ni una vacuna aprobada contra este virus [2]. La elevada diversidad genética del virus, con más de 160 sierotipos identificados, dificulta enormemente el desarrollo de inmunidad duradera y de estrategias terapéuticas universales [121].

Prevención de la infección

La prevención del contagio por depende fundamentalmente de prácticas de higiene personal y ambiental, dada la facilidad con que el virus se transmite por vía de gotitas respiratorias, contacto directo con secreciones infectadas y superficies contaminadas (fomites) [4]. El virus puede sobrevivir varias horas en superficies como manijas, teléfonos y juguetes, lo que aumenta el riesgo de transmisión indirecta [45].

Las medidas preventivas más efectivas incluyen:

  • Lavado frecuente de manos con agua y jabón o uso de soluciones hidroalcohólicas [2].
  • Evitar tocarse los ojos, la nariz o la boca con las manos sin lavar, ya que esta es la principal vía de entrada del virus [2].
  • Cubrirse la boca y la nariz al toser o estornudar con el codo flexionado o con un pañuelo desechable [126].
  • Desinfección regular de superficies de alto contacto, especialmente en entornos como escuelas, guarderías y centros de salud [2].
  • Mantener una distancia adecuada con personas que presenten síntomas respiratorios, particularmente en ambientes cerrados y durante los meses más fríos, cuando la circulación viral es más intensa [128].

Aunque no existe una vacuna específica contra el , la vacunación anual contra la y otros patógenos respiratorios como el puede ayudar a reducir el riesgo de coinfecciones y complicaciones, especialmente en pacientes con enfermedades respiratorias crónicas [2]. En niños vulnerables, la profilaxis con anticuerpos monoclonales como el contra el VRS también puede prevenir complicaciones respiratorias asociadas [130].

Tratamiento sintomático

Dado que no hay antivirales aprobados para tratar directamente el , el enfoque terapéutico se centra en aliviar los síntomas y apoyar al sistema inmunológico durante la infección, que generalmente es autolimitada y dura entre 7 y 10 días [72]. Las recomendaciones incluyen:

  • Reposo e hidratación adecuada: esenciales para mantener la función inmunológica y facilitar la eliminación de secreciones [132].
  • Analgésicos y antipiréticos: el paracetamol o el ibuprofeno pueden utilizarse para aliviar el dolor de cabeza, los dolores musculares y la fiebre leve, especialmente común en niños [133].
  • Descongestionantes nasales: pueden ayudar a reducir la congestión, aunque su uso debe ser breve para evitar efectos rebote. Las soluciones salinas fisiológicas o los sprays nasales isotónicos son alternativas seguras, especialmente en niños pequeños [73].
  • Humedificación del ambiente: el uso de humidificadores puede aliviar la irritación de las vías respiratorias y facilitar la respiración, especialmente en entornos con baja humedad [135].

En algunos casos, la suplementación temprana con ha demostrado reducir la duración y la gravedad de los síntomas, aunque los resultados son variables y su eficacia depende del momento de inicio del tratamiento [132]. Es fundamental recordar que los no son efectivos contra el , ya que es un agente viral, y su uso inadecuado puede contribuir al desarrollo de resistencia bacteriana. Solo deben considerarse si se sospecha una sobreinfección bacteriana secundaria, como una o una [137].

Estrategias terapéuticas emergentes

A pesar de la ausencia de tratamientos aprobados, la investigación está explorando diversas estrategias innovadoras para superar los desafíos planteados por la diversidad sierotípica del virus. Entre ellas destacan:

  • Antivirales dirigidos a sitios conservados: se están desarrollando inhibidores que actúan sobre proteínas virales altamente conservadas, como la proteasa 3C o la polimerasa viral (RdRp), esenciales para la replicación del virus [138]. Compostos como el rupintrivir, un inhibidor de la proteasa 3C, mostraron actividad in vitro pero tuvieron resultados limitados en ensayos clínicos, probablemente por problemas de biodisponibilidad en las vías respiratorias [139].
  • Terapias basadas en ARN: enfoques como el uso de ARN interferente (siRNA) o oligonucleótidos antisentido podrían silenciar genes virales esenciales, ofreciendo una estrategia adaptable a diferentes variantes [140].
  • Anticuerpos monoclonales: se investigan anticuerpos que neutralicen múltiples serotipos, especialmente para pacientes inmunocomprometidos o con enfermedades crónicas [141].
  • Moduladores inmunológicos: el uso de interferones exógenos, como el interferón-beta inhalado, se ha estudiado para potenciar la respuesta inmune innata en pacientes con o , aunque los resultados clínicos han sido mixtos [121].

Gestión en pacientes con enfermedades crónicas

En pacientes con enfermedades respiratorias crónicas como el o la BPCO, las infecciones por son una causa frecuente de exacerbaciones agudas. Por ello, las estrategias de prevención y tratamiento deben integrarse en el manejo global de la enfermedad. Las recomendaciones incluyen:

  • Mantener un control óptimo de la enfermedad con tratamiento de fondo, como corticosteroides inhalados y broncodilatadores [143].
  • Educar a los pacientes sobre la importancia de las medidas de higiene y el reconocimiento precoz de los síntomas virales.
  • Implementar planes de acción para iniciar tratamiento anticipado, como corticosteroides orales, en caso de exacerbación [88].
  • Fomentar la vacunación anual contra la y otras infecciones prevenibles para reducir el riesgo de coinfecciones [145].

En resumen, aunque no existen terapias curativas específicas para el , un enfoque basado en prevención, manejo sintomático y estrategias personalizadas para pacientes vulnerables permite reducir significativamente el impacto clínico y epidemiológico de esta infección tan prevalente.

Desafíos terapéuticos e investigación futura

A pesar del alto impacto clínico y epidemiológico del rinovirus, responsable de una proporción significativa de infecciones respiratorias agudas, especialmente el raffreddore comune, no existen actualmente antivirales específicos ni vacunas aprobadas para su prevención o tratamiento. Esta ausencia se debe a una combinación de desafíos científicos, farmacológicos y clínicos que han obstaculizado el desarrollo de terapias efectivas. La principal barrera es la elevada variabilidad genética del virus, con más de 160 sierotipos identificados, distribuidos en las especies RV-A, RV-B y RV-C, lo que impide la inducción de una inmunidad duradera y dificulta el diseño de un tratamiento universal [23]. Esta diversidad genética, resultado de mutaciones puntuales y recombinación entre cepas, significa que un fármaco efectivo contra un sierotipo podría no funcionar contra otros, limitando así el espectro de acción de cualquier terapia [11].

Obstáculos farmacocinéticos y de toxicología en el desarrollo de antivirales

Además de la variabilidad viral, el desarrollo de antivirales ha enfrentado importantes obstáculos farmacocinéticos y de toxicología. Muchos compuestos prometedores en estudios in vitro han fracasado en ensayos clínicos debido a problemas de biodisponibilidad, eliminación rápida del sistema o dificultad para alcanzar concentraciones terapéuticas en las vías respiratorias superiores, que son el sitio principal de replicación del virus [121]. Un ejemplo es el rupintrivir, un inhibidor de la proteasa viral 3C que mostró actividad antiviral en modelos humanos, reduciendo síntomas y carga viral, pero cuya eficacia clínica fue limitada, probablemente por una penetración subóptima en los tejidos respiratorios [139]. Otro caso es el pleconaril, un estabilizador del capside viral, que tuvo que ser retirado de los ensayos debido a efectos secundarios significativos e interacciones farmacológicas, a pesar de su actividad in vitro [150]. Estos fallos subrayan la necesidad de optimizar la farmacocinética, especialmente para fármacos administrados por vía oral o inhalatoria, y de garantizar un buen perfil de seguridad, evitando la interferencia con procesos celulares esenciales del huésped [151].

Estrategias innovadoras para superar la diversidad sierotípica

La investigación actual se centra en estrategias innovadoras para superar la limitación de la diversidad sierotípica. Una de las más prometedoras es el enfoque basado en epítopos conservados, es decir, regiones estructurales o funcionales del virus que son comunes a muchos sierotipos. Por ejemplo, la proteína capsídica VP1 contiene una cavidad hidrofóbica conservada que puede ser objetivo de compuestos como el pleconaril, que estabilizan el capside e impiden la liberación del genoma viral [152]. Recientes descubrimientos han identificado un "tallo de Aquiles" en el virus del resfriado, una región crítica y conservada que podría ser explotada para el diseño de fármacos [153]. Otra estrategia es el desarrollo de inhibidores de amplio espectro que actúen sobre mecanismos esenciales compartidos por múltiples virus respiratorios, como los inhibidores de la dihidroorotato deshidrogenasa humana (hDHODH), que han mostrado actividad antiviral contra el rinovirus y el virus respiratorio sinciziale (RSV) [154].

Ensayos clínicos y enfoques emergentes

A pesar de los desafíos, varios candidatos están en evaluación. El vapendavir, un inhibidor del ataque viral, mostró resultados positivos en un estudio de fase II en pacientes con BPCO, reduciendo la duración de los síntomas, aunque aún no ha logrado la aprobación regulatoria [155]. Otro enfoque emergente es el targeting del huésped (host-targeting), que consiste en modular factores celulares que el virus coopta para su replicación, como las cinasas implicadas en la remodelación de membranas para formar órganos de replicación viral [156]. Este enfoque reduce el riesgo de resistencia viral y ofrece un amplio espectro de acción. Además, se están explorando terapias basadas en ARN, como oligonucleótidos antisentido o ARN de interferencia (siRNA), que se dirigen a secuencias altamente conservadas del genoma viral, ofreciendo una alta especificidad y la posibilidad de actualización rápida frente a nuevas variantes [140].

Lecciones de otros virus a ARN de cadena positiva

El enfoque terapéutico para el rinovirus puede aprender valiosas lecciones de otros virus a ARN de cadena positiva, como el SARS-CoV-2. El éxito de antivirales como el remdesivir, que inhibe la ARN polimerasa viral dependiente de ARN (RdRp), y el nirmatrelvir/ritonavir (Paxlovid), un inhibidor de proteasa, demuestra que la inhibición de enzimas virales clave es una estrategia viable si el objetivo es suficientemente conservado [158]. Asimismo, el uso de anticuerpos monoclonales para la profilaxis del RSV con nirsevimab sugiere que una estrategia de protección pasiva podría ser viable para poblaciones vulnerables, como niños prematuros o pacientes con enfermedades crónicas, superando así el problema de la variabilidad sierotípica [159]. La combinación de estos enfoques, junto con una mejor comprensión de los mecanismos de evasión inmunitaria del rinovirus, como la supresión de la producción de interferones de tipo I, podría finalmente conducir al desarrollo de terapias efectivas [36].

Referencias