La Organización Mundial de la Salud (OMS) es una agencia especializada de las Naciones Unidas encargada de la salud pública internacional, fundada el 7 de abril de 1948 tras la Segunda Guerra Mundial como parte de un esfuerzo global por fortalecer la cooperación en materia de salud [1]. Su misión principal es promover la salud, proteger al mundo de amenazas sanitarias y servir a las poblaciones vulnerables, trabajando para garantizar que todas las personas tengan acceso a servicios de salud esenciales sin sufrir dificultades financieras, un objetivo conocido como cobertura sanitaria universal [2]. La OMS establece normas y regulaciones internacionales, como las Regulaciones Sanitarias Internacionales (RSI), que obligan a los países a detectar, informar y responder a emergencias de salud pública de interés internacional [3]. Cuando se declara una emergencia de salud pública de interés internacional (ESPII), la OMS coordina la respuesta global mediante mecanismos como el Programa de Emergencias Sanitarias y la Red Mundial de Alerta y Respuesta ante Brotes (GOARN), que moviliza expertos y recursos en tiempo récord [4]. La organización está dirigida por la Asamblea Mundial de la Salud, su órgano supremo de toma de decisiones, y liderada operativamente por el Director General, actualmente Tedros Adhanom Ghebreyesus, con sede en Ginebra, Suiza [5]. La OMS también impulsa la investigación, fija estándares para medicamentos y vacunas a través de la Prequalificación de la OMS, y aborda determinantes sociales de la salud como la pobreza, la educación y la desigualdad de género [6]. Financiada mediante contribuciones obligatorias y voluntarias, la OMS enfrenta desafíos en sostenibilidad financiera y equidad, especialmente durante pandemias como la de COVID-19, lo que ha impulsado reformas como el Acuerdo Pandémico de la OMS y mejoras en la financiación predecible [7].
Historia y fundación
La Organización Mundial de la Salud (OMS) fue establecida el 7 de abril de 1948, cuando su constitución entró en vigor tras ser ratificada por 26 Estados miembros [8]. Esta fecha se celebra anualmente como el Día Mundial de la Salud, una conmemoración global que destaca la importancia de la salud pública y los esfuerzos internacionales para mejorarla [9]. La organización inició formalmente sus operaciones el 1 de septiembre de 1948, consolidando su estructura y funciones tras su creación oficial [9].
La fundación de la OMS fue parte de un esfuerzo más amplio tras la Segunda Guerra Mundial para fortalecer la cooperación internacional y construir una paz duradera a través de instituciones multilaterales como las Naciones Unidas. Durante este período, hubo un creciente reconocimiento de que los problemas de salud, como las enfermedades infecciosas, los riesgos ambientales y la salud materno-infantil, trascienden las fronteras nacionales y requieren una acción coordinada a nivel global [11]. La OMS surgió de iniciativas sanitarias internacionales anteriores y fue formalmente concebida durante la Conferencia de Salud Internacional celebrada en Nueva York en 1946, donde representantes de 61 países redactaron y adoptaron la Constitución de la OMS [9].
Motivaciones y objetivos fundacionales
Las principales razones para establecer la OMS incluyeron la necesidad de contar con un organismo permanente y autorizado que pudiera:
- Establecer estándares sanitarios globales,
- Coordinar respuestas a pandemias y emergencias sanitarias,
- Promover la prevención de enfermedades y la promoción de la salud,
- Apoyar a los países en el fortalecimiento de sus sistemas de salud,
- Abordar las desigualdades sanitarias globales [13].
Desde sus inicios, la OMS se centró en campañas de salud pública de gran alcance, como los esfuerzos para erradicar enfermedades como la malaria y la viruela, mejorar la salud materno-infantil y combatir la tuberculosis y las enfermedades de transmisión sexual [9]. A lo largo del tiempo, su mandato se ha ampliado para incluir enfermedades no transmisibles, la salud mental, el impacto del cambio climático en la salud y la preparación y respuesta ante emergencias sanitarias [2].
Evolución del mandato y estructura inicial
En sus primeros años, la OMS desempeñó un papel clave en la coordinación de iniciativas sanitarias internacionales, sentando las bases para futuras colaboraciones globales. Su enfoque inicial en enfermedades infecciosas fue fundamental para el éxito de programas como la erradicación de la viruela en 1980, uno de los mayores logros en la historia de la salud pública. Con el tiempo, la organización reconoció la creciente carga de enfermedades no transmisibles como la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y el cáncer, lo que llevó a una expansión de sus programas y prioridades [2].
La OMS también ha evolucionado en su enfoque hacia la equidad en salud, reconociendo que los determinantes sociales, como la pobreza, la educación y la desigualdad de género, tienen un impacto profundo en los resultados sanitarios. Esta perspectiva ha guiado su trabajo hacia políticas más integrales que abordan no solo los servicios de salud, sino también las condiciones sociales y económicas que influyen en la salud de las poblaciones [6].
En resumen, la OMS fue creada como una respuesta a la necesidad de una autoridad global en salud tras la devastación de la guerra, con el objetivo de coordinar esfuerzos internacionales, prevenir enfermedades y promover el bienestar. Su fundación marcó un hito en la gobernanza sanitaria mundial, sentando las bases para una cooperación sanitaria multilateral que sigue siendo esencial en el siglo XXI.
Estructura y gobernanza
La Organización Mundial de la Salud (OMS) opera bajo un sistema de gobernanza intergubernamental que combina liderazgo técnico con supervisión política por parte de sus Estados miembros. Su estructura está diseñada para garantizar la representación global, la coordinación efectiva y la implementación de políticas sanitarias en múltiples niveles, desde la sede central hasta los países y regiones. La toma de decisiones se basa en un modelo de consenso que refleja tanto la autoridad científica como la soberanía de los Estados, equilibrando así consideraciones técnicas y diplomáticas en contextos sanitarios sensibles [5].
Órganos de gobierno principales
La gobernanza de la OMS se articula a través de tres órganos principales: la Asamblea Mundial de la Salud, la Junta Ejecutiva y la Secretaría, cada uno con funciones específicas que aseguran el funcionamiento estratégico y operativo de la organización.
La Asamblea Mundial de la Salud (AMS) es el órgano supremo de decisión, compuesto por representantes de los 194 Estados miembros. Se reúne anualmente en Ginebra, Suiza, donde establece políticas generales, aprueba el presupuesto y el programa de trabajo, y elige al Director General. La AMS también adopta instrumentos legales vinculantes, como las Regulaciones Sanitarias Internacionales (RSI), mediante resoluciones que reflejan el consenso multilateral [19]. Las decisiones se toman generalmente por consenso, aunque en casos excepcionales se recurre a votaciones, requiriendo mayoría simple para asuntos ordinarios y dos tercios para cuestiones constitucionales o financieras.
La Junta Ejecutiva actúa como intermediaria entre la Asamblea y la Secretaría, compuesta por 34 miembros técnicamente calificados elegidos por la AMS. Su función principal es implementar las decisiones de la Asamblea, preparar las agendas de sus sesiones y supervisar la gestión de la organización entre reuniones. Además, la Junta examina informes técnicos, propuestas de política y cuestiones financieras, asegurando la continuidad del liderazgo global en salud [20].
La Secretaría, dirigida por el Director General, es responsable de la gestión diaria de la OMS. El Director General, actualmente Tedros Adhanom Ghebreyesus, es nombrado por la Asamblea Mundial de la Salud por un mandato de cinco años y lidera la implementación de las políticas y programas de la organización. La Secretaría incluye personal técnico y administrativo que opera desde la sede central y las oficinas regionales, coordinando actividades en áreas como emergencias sanitarias, sistemas de salud y determinantes sociales de la salud [5].
Estructura regional y presencia en países
La OMS adopta una estructura descentralizada para adaptar sus estrategias globales a contextos locales. Opera a través de seis oficinas regionales, cada una con sede en una capital regional y responsable de atender las necesidades sanitarias específicas de su área:
- Región de África (AFRO) – Sede en Brazzaville, República del Congo
- Región de las Américas (OPS/PAHO) – Sede en Washington, D.C., Estados Unidos, también conocida como la Organización Panamericana de la Salud
- Región del Mediterráneo Oriental (EMRO) – Sede en El Cairo, Egipto
- Región Europea (EURO) – Sede en Copenhague, Dinamarca
- Región del Pacífico Occidental (WPRO) – Sede en Manila, Filipinas
- Región del Sudeste Asiático (SEARO) – Sede en Nueva Delhi, India
Estas oficinas regionales adaptan las directrices globales a realidades locales, coordinan respuestas a brotes y fortalecen los sistemas nacionales de salud. A nivel nacional, la OMS mantiene una red de 153 oficinas en 2025, con presencia física en 166 de sus 194 Estados miembros [22]. Cada oficina nacional está dirigida por un Representante de la OMS, que actúa como enlace principal con las autoridades sanitarias nacionales, proporcionando apoyo técnico, monitoreando tendencias de salud y asistiendo en la formulación de políticas y respuesta a emergencias.
Reformas recientes en gobernanza y operaciones
En respuesta a desafíos en eficiencia y transparencia, la OMS ha implementado reformas para mejorar su gobernanza. En 2025, la sede central en Ginebra fue reestructurada, reduciendo sus divisiones de 10 a 4 y consolidando 34 departamentos en áreas clave como emergencias, ciencia, sistemas de salud y asociaciones externas [23]. Este rediseño busca agilizar la toma de decisiones y fortalecer la coordinación interna.
Además, se han impulsado iniciativas para aumentar la transparencia y la rendición de cuentas, como la actualización de la política de evaluación de la OMS en 2025, que refuerza el seguimiento de resultados y la transparencia en el uso de recursos [24]. También se han fortalecido los mecanismos de participación de actores no estatales a través del Marco de Relación con Actores No Estatales (FENSA), permitiendo la colaboración con organizaciones de la sociedad civil, instituciones académicas y el sector privado, aunque sin otorgarles derecho a voto [25].
Equilibrio entre ciencia y diplomacia
La gobernanza de la OMS refleja un equilibrio constante entre la independencia científica y la realidad política. Aunque la organización se basa en evidencia técnica para formular recomendaciones, las decisiones finales dependen de negociaciones intergubernamentales. Este equilibrio se manifiesta en foros como la Asamblea Mundial de la Salud, donde cuestiones como la representación de Palestina, Ucrania o el lenguaje de género han generado tensiones geopolíticas, evidenciando cómo los temas de salud pueden convertirse en escenarios de contienda política [26].
No obstante, la OMS mantiene su compromiso con la neutralidad operativa, especialmente en contextos de conflicto, alentando el acceso humanitario y la protección de los trabajadores sanitarios. A través de la diplomacia sanitaria global, el Director General y sus enviados especiales promueven la cooperación multilateral, defendiendo la salud como un bien público global y no como un instrumento de política exterior [27]. Esta estrategia permite a la OMS mantener su legitimidad y acceso en entornos altamente sensibles, asegurando que su mandato constitucional de promover la salud para todos se cumpla incluso en las circunstancias más desafiantes.
Funciones y mandato principal
La Organización Mundial de la Salud (OMS) desempeña un papel fundamental como autoridad rectora y coordinadora en materia de salud pública internacional dentro del sistema de las Naciones Unidas. Su mandato principal, establecido en su constitución desde su fundación en 1948, es promover la salud, proteger al mundo de amenazas sanitarias y servir a las poblaciones vulnerables, con el objetivo último de alcanzar el más alto nivel posible de salud y bienestar para todas las personas [28]. Este mandato se basa en la definición de salud como “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades” [28].
Principales objetivos estratégicos
Los objetivos centrales de la OMS están orientados a transformar los sistemas de salud globales para que sean más equitativos, resilientes y centrados en las personas. Entre sus metas principales se encuentran:
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Promover la salud y el bienestar: La OMS impulsa políticas que mejoran la salud física y mental, abordando factores como la nutrición, el ejercicio, el consumo de sustancias y los determinantes sociales de la salud [2]. Este enfoque incluye iniciativas para fomentar estilos de vida saludables y crear entornos que faciliten el bienestar.
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Lograr la cobertura sanitaria universal (CSU): Un pilar clave de su misión es garantizar que todas las personas tengan acceso a servicios sanitarios esenciales sin sufrir dificultades financieras [31]. Esto implica fortalecer los sistemas de salud, expandir el acceso a medicamentos, vacunas y profesionales sanitarios calificados, y reformar los modelos de financiación para proteger a los más vulnerables.
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Proteger frente a emergencias sanitarias: La OMS lidera la preparación, detección y respuesta a emergencias de salud pública, como brotes de enfermedades, pandemias y crisis humanitarias. A través del Programa de Emergencias Sanitarias, apoya a los países en la construcción de capacidades de respuesta rápida y sistemas de salud resilientes [32].
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Avanzar en la equidad sanitaria global: La organización se compromete a reducir las desigualdades en salud entre y dentro de los países, centrándose en grupos marginados y desatendidos para asegurar un acceso equitativo a la atención y mejores resultados sanitarios [33].
Estos objetivos se articulan a través de marcos estratégicos como el Decimocuarto Programa General de Trabajo 2025–2028 y la Estrategia Mundial de Salud 2025–2028, que orientan las acciones de la OMS hacia la mejora de los resultados sanitarios a nivel mundial [34].
Funciones clave y operaciones globales
La OMS cumple su mandato a través de seis funciones centrales que integran liderazgo técnico, coordinación internacional y apoyo operativo:
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Liderazgo y coordinación global: La OMS proporciona orientación técnica y política en asuntos sanitarios, coordinando respuestas internacionales ante desafíos como pandemias, enfermedades no transmisibles y amenazas emergentes [28]. Su capacidad de convocatoria le permite movilizar a gobiernos, agencias y socios en torno a objetivos comunes.
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Establecimiento de normas y estándares: La organización desarrolla directrices basadas en evidencia científica, como las Regulaciones Sanitarias Internacionales (RSI), que obligan legalmente a los países a detectar, informar y responder a emergencias de salud pública de interés internacional [33]. También fija estándares para medicamentos, vacunas y prácticas clínicas mediante procesos como la Prequalificación de la OMS.
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Monitoreo y evaluación de tendencias sanitarias: A través de la recopilación, análisis y difusión de datos globales, la OMS rastrea patrones de enfermedades, evalúa el desempeño de los sistemas de salud y orienta la toma de decisiones [37]. Plataformas como el WHO Global Surveillance and Monitoring System permiten una vigilancia en tiempo real.
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Apoyo técnico a los países: La OMS ofrece asistencia directa a los Estados miembros para fortalecer sus sistemas sanitarios, desarrollar capacidades del personal de salud y ejecutar programas efectivos [2]. Esta labor se realiza a través de sus oficinas regionales y nacionales, que adaptan las estrategias globales al contexto local.
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Orientación del programa de investigación: La OMS identifica áreas prioritarias para la investigación sanitaria, promueve la innovación y apoya el desarrollo y la distribución equitativa de tecnologías médicas, incluidas vacunas y diagnósticos [33]. Iniciativas como el Solidarity Trial durante la pandemia de COVID-19 ejemplifican este papel.
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Respuesta a emergencias sanitarias: A través del Programa de Emergencias Sanitarias, la OMS coordina respuestas globales a brotes y crisis, despliega equipos médicos de emergencia y asegura la entrega de suministros vitales [40]. Mecanismos como el Fondo de Contingencia para Emergencias (CFE) permiten una movilización rápida de recursos.
La efectividad de la OMS depende de su capacidad para equilibrar la independencia técnica con la diplomacia intergubernamental. A través de su estructura de gobernanza, liderada por la Asamblea Mundial de la Salud y el Director General, la organización traduce recomendaciones científicas en políticas consensuadas, respetando la soberanía de los Estados miembros mientras promueve el bien común global [41]. Esta dualidad entre ciencia y diplomacia es esencial para mantener la legitimidad, el acceso y la cooperación internacional en contextos políticamente sensibles [42].
Respuesta a emergencias sanitarias
La Organización Mundial de la Salud (OMS) desempeña un papel central en la coordinación de la respuesta global a las emergencias sanitarias, incluyendo brotes de enfermedades, desastres naturales y conflictos. Su labor abarca prevención, preparación, detección, respuesta y recuperación, con el objetivo de minimizar el impacto en la salud y salvar vidas. Un componente clave de esta función es el Programa de Emergencias Sanitarias (WHE), establecido en 2016 tras las críticas recibidas durante el brote de Ébola en África Occidental (2014–2016), que reveló debilidades en la capacidad de la OMS para coordinar respuestas rápidas y efectivas [43]. El WHE unificó funciones de respuesta bajo una estructura centralizada, mejorando la eficiencia operativa y la rendición de cuentas.
Este programa apoya a los países en la evaluación de su preparación para emergencias, el desarrollo de planes nacionales de respuesta y el fortalecimiento de sistemas de salud resilientes frente a patógenos de alto riesgo [4]. Para garantizar una movilización rápida, la OMS creó un fondo de contingencia de 100 millones de dólares y una fuerza de reserva global de 1.500 personal sanitario entrenado [45]. Asimismo, la organización utiliza el Marco de Respuesta a Emergencias (ERF), actualizado a su segunda edición en 2024, como guía operativa central para gestionar emergencias con un enfoque integral y coordinado [46].
Coordinación global y redes de respuesta
La OMS coordina la vigilancia global de eventos sanitarios a través del Centro Estratégico de Operaciones Sanitarias (SHOC) y una red de centros de operaciones de emergencia (EOC-NET), lo que permite evaluaciones de riesgo en tiempo real y la movilización rápida de recursos [47]. Además, lidera el Grupo de Salud Global, coordinando a más de 900 socios de salud durante crisis importantes para garantizar una acción unificada [48].
Una herramienta fundamental en la respuesta a brotes es la Red Mundial de Alerta y Respuesta ante Brotes (GOARN), una colaboración de más de 310 instituciones, incluyendo agencias de salud pública, laboratorios y organizaciones no gubernamentales, que se movilizan para detectar y responder a emergencias sanitarias en todo el mundo [49]. Desde su creación en 2000, GOARN ha realizado aproximadamente 3.600 despliegues, apoyando respuestas a brotes como el Ébola, el cólera y la COVID-19 [50]. La red opera bajo una estructura de gobernanza liderada por un Comité Directivo (SCOM) y es coordinada por un Equipo de Apoyo Operativo (OST) con sede en Ginebra, que gestiona la activación y despliegue de equipos multidisciplinarios [51].
Activación de emergencias y despliegue de personal
La OMS tiene la autoridad para declarar una emergencia de salud pública de interés internacional (ESPII) según las Regulaciones Sanitarias Internacionales (RSI) de 2005. Por ejemplo, en agosto de 2024, el Director General de la OMS declaró el brote de viruela del mono como una ESPII, lo que desencadenó una acción internacional coordinada [52]. Para reforzar la capacidad de respuesta, la OMS estableció el Cuerpo Mundial de Emergencias Sanitarias (GHEC) en mayo de 2023, un marco diseñado para desplegar profesionales sanitarios entrenados rápidamente durante crisis [53]. El GHEC se activó por primera vez en octubre de 2024 en respuesta al brote de viruela del mono, marcando un hito en la capacidad operativa de la OMS [54].
La organización también moviliza financiación de emergencia a través de su Llamamiento de Emergencia Sanitaria, apoya a los países con asesoramiento técnico y despliega personal de emergencia, incluyendo equipos médicos de emergencia (EMT) y expertos en epidemiología. Los epidemiólogos desempeñan un papel esencial en la respuesta, desplegándose en el terreno para definir el brote, investigar patrones de transmisión y guiar intervenciones, utilizando herramientas como Go.Data, una plataforma digital de código abierto para la gestión de brotes y el seguimiento de contactos [55].
Evolución de las estrategias y reformas recientes
Las estrategias de respuesta de la OMS han evolucionado significativamente tras crisis como el Ébola y la pandemia de COVID-19. Tras el Ébola, se implementaron reformas estructurales clave, mientras que la pandemia de COVID-19 aceleró el enfoque hacia una preparación sostenible, la equidad y el aprendizaje sistemático. En mayo de 2025, la Asamblea Mundial de la Salud adoptó el Acuerdo Pandémico de la OMS, un hito que busca mejorar la equidad global en el acceso a vacunas, tratamientos y diagnósticos, y fortalecer los mecanismos de preparación y respuesta para futuras pandemias [7]. Este acuerdo complementa las enmiendas a las RSI, que entraron en vigor en septiembre de 2025 y fortalecen las obligaciones de los países en materia de detección, evaluación y notificación de eventos de salud pública [57].
La OMS también ha priorizado el desarrollo de capacidades y la preparación, lanzando una Estrategia de Aprendizaje para Emergencias Sanitarias en 2025 para formar una generación global de profesionales sanitarios preparados para emergencias [58]. Estos esfuerzos están alineados con el Plan Estratégico para la Gestión de la Amenaza de la Enfermedad por Coronavirus (2025–2030), que promueve la sostenibilidad, la integración y la equidad en la seguridad sanitaria global [59]. En conjunto, estos avances reflejan una transformación hacia un sistema de seguridad sanitaria global más proactivo, integrado y resiliente.
Financiación y sostenibilidad
La Organización Mundial de la Salud (OMS) depende de un modelo dual de financiación compuesto por contribuciones obligatorias y voluntarias, lo que plantea desafíos significativos para su sostenibilidad y autonomía operativa [60]. Las contribuciones obligatorias son cuotas fijas que los 194 Estados miembros pagan en función de su capacidad económica y tamaño de población, lo que proporciona una fuente predecible de financiación básica. Sin embargo, estas contribuciones representaron solo alrededor del 20% del presupuesto total para el bienio 2024–2025, que fue aprobado en 6.830 millones de dólares estadounidenses [61]. Este bajo porcentaje limita la capacidad de la OMS para planificar a largo plazo y asignar recursos estratégicamente.
Por otro lado, las contribuciones voluntarias constituyen aproximadamente el 80% del presupuesto de la OMS, provenientes de gobiernos, fundaciones filantrópicas y otras organizaciones [62]. Estas aportaciones pueden ser específicas (destinadas a programas o emergencias concretas) o flexibles, como las destinadas a la Cuenta de Contribuciones Voluntarias Básicas (CVCA), que permiten a la OMS responder con mayor agilidad a amenazas sanitarias emergentes [62]. La dependencia de fondos voluntarios y etiquetados puede distorsionar la agenda de la organización, favoreciendo los intereses de los donantes sobre las prioridades sanitarias globales. Por ejemplo, iniciativas específicas de enfermedades pueden recibir más financiación que funciones básicas como la vigilancia epidemiológica o la preparación ante emergencias [64].
Principales contribuyentes y dependencia financiera
Entre los principales contribuyentes se encuentra Estados Unidos, que históricamente ha sido el mayor donante, aportando alrededor de 958 millones de dólares durante el período 2024–2025 y representando aproximadamente el 18% del financiamiento total de la OMS en años recientes [65]. Otro actor clave es la Fundación Bill & Melinda Gates, que contribuyó con unos 646 millones de dólares en el mismo período, consolidándose como uno de los mayores financiadores no estatales [65]. Esta concentración de financiación en unos pocos donantes genera preocupaciones sobre la influencia en la agenda de la OMS, ya que puede priorizar intervenciones alineadas con los intereses de los principales financiadores en detrimento de sistemas de salud más amplios [67]. Otros gobiernos importantes incluyen el Reino Unido, Alemania, Japón y Noruega, además de instituciones internacionales y organizaciones filantrópicas.
Reformas hacia una financiación más predecible
En respuesta a estas limitaciones, en mayo de 2025 los Estados miembros de la OMS aprobaron un aumento histórico del 20% en las contribuciones obligatorias para el ciclo presupuestario 2026–2027, con el objetivo de mejorar la sostenibilidad financiera y reducir la dependencia de donaciones voluntarias y etiquetadas [68]. Esta medida forma parte de una estrategia más amplia para que las contribuciones obligatorias alcancen hasta el 50% del presupuesto base de la OMS para 2030, lo que reforzaría su independencia estratégica [69]. Estas reformas buscan fortalecer la capacidad de la OMS para actuar con agilidad y equidad durante emergencias sanitarias internacionales, como la pandemia de COVID-19, donde las disparidades en el acceso a vacunas y tratamientos pusieron de manifiesto las deficiencias del sistema financiero global [70].
Desafíos geopolíticos y estabilidad financiera
A pesar de estos avances, la estabilidad financiera de la OMS sigue siendo vulnerable a decisiones geopolíticas. Por ejemplo, en 2025, Estados Unidos anunció su retirada de la organización, lo que podría afectar significativamente su financiación futura y comprometer la coherencia de la gobernanza global en salud [71]. Este tipo de decisiones subraya la necesidad de un sistema financiero más diversificado, predecible y menos susceptible a fluctuaciones políticas. La OMS también ha lanzado iniciativas como la Ronda de Inversiones para movilizar recursos adicionales y promover el financiamiento temático y flexible, con el fin de mejorar su capacidad de respuesta ante crisis [72]. La creación de un fondo para emergencias y la reserva de personal de salud capacitado también son pasos clave para fortalecer la preparación ante amenazas sanitarias futuras.
La sostenibilidad financiera de la OMS es esencial para cumplir su mandato de promover la salud global, proteger a las poblaciones vulnerables y garantizar la equidad en el acceso a servicios sanitarios. Mientras que las reformas recientes representan un avance significativo, persisten desafíos estructurales relacionados con la equidad, la transparencia y la gobernanza. La efectividad de la organización en futuras crisis dependerá en gran medida de su capacidad para consolidar un modelo de financiación más equilibrado, inclusivo y resiliente frente a tensiones geopolíticas.
Cobertura sanitaria universal y sistemas de salud
La cobertura sanitaria universal (CSU) es un objetivo central de la acción global en salud, definido como la garantía de que todas las personas tengan acceso a servicios de salud esenciales de calidad sin sufrir dificultades financieras. Este principio está profundamente arraigado en la visión de la Organización Mundial de la Salud de alcanzar el más alto nivel posible de salud para todos, entendida como un estado de bienestar físico, mental y social [28]. La CSU no solo implica acceso a servicios, sino también equidad, calidad y protección financiera, elementos que requieren sistemas de salud fuertes, resilientes y centrados en la atención primaria de salud (APS) [74].
Atención primaria de salud como fundamento del sistema
La APS es considerada por la OMS como el pilar fundamental para lograr la CSU y construir sistemas de salud resilientes. Esta aproximación integra la prevención, la promoción, el tratamiento y la rehabilitación dentro de comunidades, acercando los servicios a las personas y reduciendo la fragmentación del sistema. La OMS ha desarrollado marcos normativos clave como el Operational Framework for Primary Health Care y el documento Implementing the Primary Health Care Approach: A Primer, que ofrecen estrategias basadas en evidencia para transformar los sistemas de salud en torno a la APS [75]. Estos instrumentos enfatizan la necesidad de gobernanza efectiva, financiamiento estratégico, desarrollo del personal de salud y participación comunitaria. Países con APS robusta han demostrado mayor capacidad para mantener servicios esenciales durante emergencias como la pandemia de COVID-19, utilizando trabajadores comunitarios y telemedicina para asegurar la continuidad de la atención [76].
Fortalecimiento de los sistemas de salud y equidad
El fortalecimiento de los sistemas de salud es esencial para avanzar hacia la CSU, especialmente en países de ingresos bajos y medianos. La OMS proporciona asistencia técnica para mejorar funciones clave como la gobernanza, el financiamiento, la fuerza laboral, la información sanitaria y el suministro de productos sanitarios. Un enfoque prioritario es el de los determinantes sociales de la salud, como la pobreza, la educación y la discriminación estructural, que generan inequidades profundas en los resultados de salud [77]. La OMS aborda estas desigualdades mediante iniciativas como el Health Inequality Monitor (HIM), que alberga la mayor colección global de datos sobre desigualdades en salud, y el Operational Framework for Monitoring the Social Determinants of Health Equity, que ayuda a los países a medir y responder a las disparidades [78]. .
Reformas en el financiamiento sanitario para la sostenibilidad
El financiamiento es un desafío crítico para la CSU. La OMS promueve reformas que garanticen un financiamiento sostenible, equitativo y predecible. Esto incluye el aumento del financiamiento público, la creación de mecanismos de prepagos y la reducción del gasto directo de bolsillo, que afecta a una de cada cuatro personas a nivel mundial [79]. La organización apoya a los países en el diseño de estrategias de financiamiento mediante herramientas como la Health Financing Progress Matrix, que evalúa el estado de los sistemas de financiamiento y orienta las reformas [80]. Además, la OMS aboga por una mayor asignación de recursos a la APS y por la movilización de fondos innovadores, como impuestos sobre productos nocivos para la salud. La dependencia de contribuciones voluntarias y a menudo restringidas para financiar la OMS misma ha sido identificada como una limitación, lo que ha impulsado reformas para aumentar las contribuciones obligatorias y mejorar la flexibilidad del financiamiento [81].
Resiliencia y preparación ante emergencias
La evolución de la pandemia de COVID-19 demostró que la CSU y la seguridad sanitaria son interdependientes. Los sistemas de salud deben ser capaces de absorber impactos, mantener servicios esenciales y proteger a las poblaciones durante crisis. En respuesta, la OMS ha integrado la resiliencia como un principio clave de la CSU. Publicaciones como Building health systems resilience for universal health coverage and health security establecen que la resiliencia es una condición necesaria para lograr la CSU a largo plazo [82]. Para apoyar esta transición, la OMS ha desarrollado el Health System Resilience Indicators y la guía Planning for health system recovery, que ofrece un enfoque estructurado para reconstruir sistemas de salud tras una crisis, asegurando que los avances hacia la CSU no se pierdan [83]. .
Alianzas estratégicas y apoyo técnico
La OMS moviliza una amplia red de alianzas para apoyar a los países en su camino hacia la CSU. El UHC Partnership, con más de 50 socios, opera en más de 115 países, proporcionando asistencia técnica, fomentando el diálogo político y fortaleciendo la capacidad nacional [84]. A través de sus oficinas regionales y representaciones nacionales, la OMS despliega expertos para apoyar la planificación, la implementación de políticas y el fortalecimiento institucional. Además, iniciativas como el Special Programme on Primary Health Care y el Primary Health Care Implementation Solutions Initiative facilitan el intercambio de conocimientos y buenas prácticas entre países [85]. Este apoyo técnico está alineado con la estrategia global de la OMS para 2025-2028, que prioriza la CSU, la equidad y la resiliencia como pilares para un futuro más seguro y justo en salud [86].
Determinantes sociales de la salud y equidad
Los determinantes sociales de la salud (DSH) son condiciones fundamentales en las que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen, y que están profundamente influenciadas por la distribución del dinero, el poder y los recursos a nivel global, nacional y local [87]. La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce que estas condiciones sociales, económicas y ambientales son responsables de gran parte de las desigualdades evitables en salud entre y dentro de los países. Estas inequidades no son simplemente el resultado de diferencias en el acceso a servicios médicos, sino que surgen de injusticias estructurales profundas, como la pobreza, la discriminación, la falta de educación y las condiciones laborales precarias [77]. La OMS ha establecido que la salud es un derecho humano fundamental, y que lograr la equidad en salud requiere abordar activamente las raíces sociales de las enfermedades y las desigualdades.
{{Image|A diverse group of people in different living conditions, including urban and rural settings, with visual representations of social factors like housing, education, and healthcare access|Personas en diversas condiciones sociales que ilustran los determinantes de la salud}
Marco ético y derechos humanos
El enfoque de la OMS sobre los determinantes sociales está firmemente anclado en principios éticos y de derechos humanos. La organización considera que las desigualdades en salud son injustas, evitables y constituyen una violación de la justicia social [89]. Esta visión se consolidó con la creación de la Comisión sobre Determinantes Sociales de la Salud (CSDH) en 2005, cuyo informe final, Cerrar la brecha en una generación (2008), sentó las bases de una agenda global basada en la equidad. El informe argumentó que las disparidades en salud no son inevitables, sino el resultado de decisiones políticas y económicas, y que su eliminación es un imperativo ético [89]. Este marco ético se ha integrado en políticas posteriores, incluyendo la Declaración Política de Río sobre Determinantes Sociales de la Salud (2011), que reconoce la equidad en salud como una responsabilidad compartida [91].
La OMS promueve un enfoque basado en derechos humanos, que exige que todas las acciones de salud pública sean no discriminatorias, inclusivas y responsables. Este enfoque se refleja en documentos como la Nota orientadora sobre la integración de la equidad en salud, la igualdad de género, la inclusión de personas con discapacidad y los derechos humanos en las evaluaciones de la OMS (2023), que institucionaliza la consideración de estos principios en todos los programas [92]. La organización también ha lanzado principios y directrices sobre derechos humanos y emergencias de salud pública, que establecen salvaguardias legales y éticas para medidas como el aislamiento o las restricciones de viaje, asegurando que sean proporcionales, transparentes y sujetas a revisión [93].
Abordar la pobreza, la educación y el medio ambiente
La OMS aborda las inequidades en salud mediante estrategias específicas que atacan sus causas fundamentales. La pobreza es reconocida como una de las causas principales de mala salud, ya que limita el acceso a alimentos nutritivos, vivienda segura y servicios de salud. Para combatirla, la OMS promueve la cobertura sanitaria universal (CSU) como un camino para reducir la carga financiera y mejorar el acceso, especialmente para las poblaciones marginadas [94]. El monitoreo de estas desigualdades se realiza a través del Monitor de Desigualdades en Salud, una plataforma global que proporciona datos sobre disparidades en ingresos, educación y lugar de residencia [95].
En cuanto a la educación, la OMS promueve escuelas que promuevan la salud como una estrategia para mejorar tanto los resultados educativos como de salud [96]. Iniciativas como el Marco de acción para la equidad en la educación y la salud destacan cómo la educación mejora la alfabetización en salud, pospone comportamientos de riesgo y aumenta las oportunidades futuras de empleo e ingresos [97]. Respecto al medio ambiente, la OMS subraya que las comunidades más pobres enfrentan una mayor exposición a peligros ambientales como la contaminación del aire, el agua insegura y el cambio climático. La organización proporciona herramientas como el Paquete de recursos sobre desigualdades en salud ambiental para ayudar a los responsables de políticas a identificar y reducir estas disparidades [98].
Equidad de género e interseccionalidad
La equidad de género es un principio fundamental en el enfoque de la OMS hacia los determinantes sociales. La organización reconoce que las normas y roles de género, moldeados por factores como el estatus socioeconómico y la geografía, influyen profundamente en los riesgos para la salud y el acceso a servicios [99]. Para abordar esto, la OMS ha institucionalizado la integración de género a través de su Estrategia para la integración del análisis y acciones de género en el trabajo de la OMS (2009) y su Manual de integración de género, actualizado en 2022 [100]. En 2024, lanzó el Programa para la igualdad de género, los derechos humanos y la equidad en salud, que refleja un cambio hacia enfoques transformadores que desafían las estructuras de poder subyacentes [101].
La OMS también enfatiza enfoques interseccionales, reconociendo que las identidades sociales como el género, la raza, la discapacidad y la pobreza se superponen y agravan las desigualdades. El Kit de herramientas para incorporar el análisis de género interseccional en la investigación sobre enfermedades infecciosas de la pobreza (2020) guía a los investigadores para abordar estas inequidades complejas [102]. Un paso significativo hacia la inclusividad fue el anuncio de la OMS en 2023 sobre el desarrollo de una nueva directriz sobre la salud de las personas trans y de género diverso, reconociendo sus necesidades específicas y las violaciones de derechos humanos que enfrentan [103].
Monitoreo, responsabilidad y políticas multisectoriales
Para traducir los compromisos éticos en políticas concretas, especialmente en países de ingresos bajos y medianos, la OMS proporciona marcos de monitoreo y apoyo técnico. El Marco operativo para el monitoreo de la equidad en los determinantes sociales de la salud (2024) ofrece una guía sistemática para que los países rastreen y actúen sobre las inequidades, promoviendo la recolección de datos desagregados por sexo, ingresos y lugar de residencia [104]. Este enfoque permite a los países diagnosticar barreras en la cobertura efectiva de servicios y diseñar reformas hacia la CSU [105].
La OMS promueve activamente enfoques multisectorales como Salud en todas las políticas (HiAP), que exige que las consideraciones de equidad en salud y derechos humanos se integren en políticas de educación, vivienda, trabajo y medio ambiente [106]. El informe Trabajar juntos por la equidad y poblaciones más saludables (2023) detalla estrategias para una colaboración multisectorial sostenible [107]. Además, la OMS fomenta la responsabilidad a través de una gobernanza inclusiva, alentando a los Estados miembros a involucrar a comunidades, sociedad civil y grupos marginados en el diseño y monitoreo de políticas [108]. El próximo Informe Mundial sobre Determinantes Sociales de la Equidad en Salud (2025) consolidará evidencia global para guiar la acción y rastrear el progreso hacia la equidad [109].
Normas, regulaciones y políticas globales
La Organización Mundial de la Salud (OMS) desempeña un papel central en la formulación y promoción de normas, regulaciones y políticas globales que rigen la salud pública internacional. Como autoridad técnica y normativa dentro del sistema de las Naciones Unidas, la OMS establece estándares científicamente fundamentados, desarrolla marcos legales vinculantes y orienta a los países en la implementación de estrategias sanitarias coherentes y equitativas. Su labor en este ámbito se basa en una combinación de liderazgo técnico, gobernanza intergubernamental y diplomacia global, asegurando que las respuestas sanitarias sean coordinadas, transparentes y respetuosas de los derechos humanos [28].
Regulaciones Sanitarias Internacionales (RSI)
El pilar legal más importante del sistema global de salud es el conjunto de Regulaciones Sanitarias Internacionales (RSI) de 2005, un instrumento jurídicamente vinculante adoptado por 196 países, incluidos todos los Estados Miembros de la OMS. Estas regulaciones, aprobadas por la Asamblea Mundial de la Salud mediante la Resolución WHA58.3 en 2005, tienen como objetivo prevenir, proteger contra, controlar y responder al riesgo de propagación internacional de enfermedades, minimizando al mismo tiempo la interferencia innecesaria con el tráfico y el comercio internacionales [3].
Las RSI obligan a los países a desarrollar y mantener capacidades básicas en ocho áreas clave: vigilancia epidemiológica, laboratorios, puntos de entrada (aeropuertos, puertos, fronteras), respuesta rápida, comunicación de riesgos, gestión de emergencias, salud humana y animal, y legislación nacional. Cada país debe designar un Punto Focal Nacional para garantizar una comunicación continua las 24 horas con la OMS, lo que permite una verificación rápida de eventos sanitarios de interés internacional [112].
En junio de 2024, la 77ª Asamblea Mundial de la Salud adoptó un paquete decisivo de enmiendas a las RSI mediante la Resolución WHA77.8, que entraron en vigor el 19 de septiembre de 2025 [113]. Estas enmiendas, desarrolladas tras una revisión exhaustiva por un Grupo de Trabajo intergubernamental, introdujeron mejoras clave como una nueva definición de emergencia pandémica, mecanismos fortalecidos para la equidad en el acceso a contramedidas médicas, y nuevas comisiones nacionales e internacionales para mejorar la coordinación. Aunque 185 de los 196 Estados Partes aceptaron las enmiendas, 11, incluidos los Estados Unidos, las rechazaron formalmente, lo que subraya las tensiones entre la gobernanza global y la soberanía nacional [114].
Marco de Monitoreo y Evaluación de las RSI
Para supervisar la implementación de las RSI, la OMS ha establecido el Marco de Monitoreo y Evaluación de las RSI, que promueve la rendición de cuentas y la transparencia. Este marco incluye cuatro componentes clave:
- Informe Anual de Autoevaluación por los Estados Partes (SPAR): una herramienta obligatoria mediante la cual los países evalúan anualmente su progreso en el cumplimiento de las capacidades básicas de las RSI [115].
- Evaluación Conjunta Externa (ECE): una evaluación voluntaria y multisectorial realizada por expertos internacionales para evaluar la capacidad de un país de prevenir, detectar y responder a amenazas sanitarias. Desde 2016, la ECE se ha llevado a cabo en más de 116 países, proporcionando datos cruciales para planes de acción nacionales [116].
- Revisiones Posterior a la Acción (RPA): evaluaciones posteriores a un evento para identificar fortalezas y brechas en la respuesta a emergencias [117].
- Ejercicios de Simulación: simulacros para probar los sistemas de preparación y respuesta [117].
En 2024, el 99% de los Estados Miembros presentaron informes SPAR, con una puntuación media global de capacidad del 64%, lo que indica avances significativos, aunque persistentes brechas, especialmente en países de ingresos bajos y medianos [119].
Comités de Emergencia de las RSI
Bajo las RSI, el Director General de la OMS convoca comités de emergencia compuestos por expertos independientes para evaluar si un evento constituye una Emergencia de Salud Pública de Interés Internacional (ESPII). Estos comités proporcionan asesoramiento técnico sobre recomendaciones temporales, como medidas de viaje o comercio. Ejemplos notables incluyen la declaración de ESPII por el brote de COVID-19 el 30 de enero de 2020 y la declaración de ESPII por el brote de viruela del mono el 16 de agosto de 2024 [120]; [121]. El Comité de Emergencia de la OMS para el COVID-19 se reunió regularmente durante la pandemia para revisar datos en evolución y ajustar recomendaciones, destacando el papel dinámico de este mecanismo [122].
Políticas Globales y Guías Técnicas
Además de las RSI, la OMS desarrolla una amplia gama de guías técnicas y políticas basadas en evidencia que orientan a los países en la prevención, diagnóstico y tratamiento de enfermedades. Estas guías cubren desde el control de enfermedades infecciosas como la tuberculosis y el VIH hasta la promoción de la salud mental, la salud ambiental y la prevención de enfermedades no transmisibles. La OMS también establece estándares para medicamentos y vacunas a través de su programa de Prequalificación de la OMS, garantizando que los productos sanitarios cumplan con criterios de calidad, seguridad y eficacia [123].
La organización promueve activamente la equidad en salud a través de iniciativas como la Comisión sobre los Determinantes Sociales de la Salud, cuyo informe de 2008, Cerrar la brecha en una generación, estableció un marco ético para abordar las inequidades estructurales causadas por la pobreza, la educación y la discriminación [89]. Este enfoque se refuerza en el Marco Conceptual para la Acción sobre los Determinantes Sociales de la Salud, que identifica áreas clave de intervención como mejorar las condiciones de vida diaria, abordar la distribución desigual de poder y recursos, y empoderar a las comunidades [125].
Diplomacia de Salud y Gobernanza Global
La OMS equilibra la experiencia técnica con consideraciones diplomáticas a través de la práctica de la diplomacia de salud, definida como los procesos de negociación y construcción de consenso que moldean el entorno de política sanitaria global [42]. El Director General desempeña un papel clave en esta diplomacia, abogando por la salud en los niveles políticos más altos y nombrando enviados especiales para avanzar en agendas prioritarias [127]. La publicación de una Guía para la Diplomacia de Salud Global en 2023 refleja el compromiso institucional de la OMS con la cooperación multilateral, especialmente en tiempos de crisis [27].
La OMS también fomenta alianzas estratégicas con más de 800 Centros Colaboradores de la OMS en todo el mundo y con organizaciones como Gavi, la Alianza de Vacunas y el Fondo Mundial para combatir el VIH, la tuberculosis y la malaria, asegurando que su liderazgo normativo se traduzca en acción efectiva y equitativa [129].
Desafíos y reformas recientes
La Organización Mundial de la Salud (OMS) enfrenta desafíos estructurales persistentes en financiación, gobernanza y rendición de cuentas, que afectan su eficacia en la gobernanza global de la salud. Estos desafíos han impulsado una serie de reformas destinadas a fortalecer su sostenibilidad financiera, mejorar la transparencia en la toma de decisiones y reforzar los mecanismos de supervisión y evaluación [130].
Desafíos financieros y dependencia de contribuciones voluntarias
Uno de los principales desafíos es la fuerte dependencia de contribuciones voluntarias, que socava la previsibilidad financiera y la flexibilidad operativa. Hasta hace poco, las contribuciones voluntarias representaban hasta el 88% del presupuesto total de la OMS, mientras que las contribuciones obligatorias —cuotas obligatorias pagadas por los Estados miembros según su capacidad económica— representaban solo alrededor del 13% del presupuesto [64]. Esta dependencia limita la capacidad de la OMS para asignar recursos estratégicamente y responder con rapidez a emergencias sanitarias emergentes.
La mayoría de las contribuciones voluntarias están destinadas a programas específicos por parte de donantes, lo que reduce la discreción de la OMS en la priorización de necesidades [60]. Este modelo de financiación impulsado por donantes puede distorsionar la agenda de la organización, favoreciendo los intereses de los donantes sobre las prioridades globales de salud pública. Por ejemplo, las iniciativas específicas de enfermedades a menudo reciben un apoyo desproporcionado en comparación con funciones básicas como la vigilancia, la preparación para emergencias y el fortalecimiento de los sistemas sanitarios.
En respuesta, la OMS ha lanzado iniciativas para aumentar la financiación flexible, incluida la primera Ronda de Inversión para movilizar recursos adicionales [72]. La organización también promueve las contribuciones voluntarias básicas y mecanismos de financiación temáticos para mejorar la agilidad financiera [62]. Una decisión estratégica adoptada por la Asamblea Mundial de la Salud en 2022 estableció el objetivo de aumentar las contribuciones obligatorias, con la meta de que representen hasta el 50% del presupuesto base de la OMS para 2030 [69]. En mayo de 2025, los Estados miembros aprobaron un aumento histórico del 20% en las contribuciones obligatorias, marcando un paso significativo hacia una mayor autonomía financiera y sostenibilidad a largo plazo [68].
Reformas en la gobernanza y la transparencia
La estructura de gobernanza de la OMS, centrada en la Asamblea Mundial de la Salud (AMS) y el Consejo Ejecutivo, ha sido criticada por su ineficiencia, falta de transparencia y toma de decisiones lenta [137]. La AMS, como órgano supremo de toma de decisiones, se reúne anualmente e incluye delegaciones de los 194 Estados miembros, pero la toma de decisiones por consenso puede obstaculizar acciones oportunas durante emergencias [138].
Para abordar estas limitaciones, se estableció el Grupo Ágil de Estados Miembros para fortalecer la gobernanza presupuestaria, programática y financiera. Sus informes de 2023 y 2024 propusieron reformas para mejorar la transparencia, agilizar los ciclos de planificación y mejorar la priorización estratégica a largo plazo [139]. Estas incluyen fortalecer el papel de los órganos rectores en la supervisión de la dirección estratégica y garantizar una participación más inclusiva de los Estados miembros durante todo el ciclo de políticas.
Además, se están revisando los procedimientos para manejar denuncias contra el Director General y otros funcionarios de alto nivel, considerándose nuevos mecanismos de investigación para reforzar la integridad institucional [140]. La OMS también está actualizando sus reglas de procedimiento y adoptando plataformas digitales para mejorar la accesibilidad y participación en los procesos de gobernanza [139].
Mecanismos de rendición de cuentas y evaluación
La rendición de cuentas es fundamental para mantener la confianza en las operaciones y el uso de recursos de la OMS. La organización ha desarrollado un marco robusto de mecanismos de supervisión, que incluye evaluaciones internas, auditorías externas y funciones de cumplimiento. La Oficina de Evaluación de la OMS desempeña un papel central, realizando evaluaciones independientes para informar la toma de decisiones basada en evidencia y promover el aprendizaje organizacional [142].
La actualización de 2025 de la Política de Evaluación de la OMS refuerza el compromiso con la rendición de cuentas por resultados y la transparencia, con informes anuales de evaluación que detallan el progreso y los desafíos [142]. La OMS también se somete a auditorías externas regulares y mantiene la supervisión a través de la Oficina de Cumplimiento, Gestión de Riesgos y Ética, que garantiza el cumplimiento de los estándares éticos e integridad organizacional [144].
La presentación de resultados es otra herramienta clave de rendición de cuentas. Los Informes de Resultados de la OMS para 2024–2025 evalúan el progreso frente a los objetivos estratégicos y proporcionan datos sobre los resultados en regiones y programas [145]. Estos informes son esenciales para demostrar el impacto ante los Estados miembros y donantes, especialmente en un contexto de mayor escrutinio sobre la utilización de recursos.
Fortalecimiento de la gobernanza global de la salud mediante reformas
Las reformas en financiación, gobernanza y rendición de cuentas forman parte de una agenda de transformación más amplia destinada a hacer que la OMS sea más ágil, transparente y efectiva en el liderazgo global de la salud [146]. El proceso UN80, que busca modernizar el sistema de las Naciones Unidas, incluye esfuerzos para alinear y racionalizar la gobernanza global de la salud, reduciendo la fragmentación y mejorando la coordinación entre agencias [147].
Crucialmente, el Panel Independiente para la Preparación y Respuesta ante Pandemias —establecido tras la 73.ª Asamblea Mundial de la Salud— ha desempeñado un papel fundamental al abogar por reformas sistémicas. Su informe de 2021, “Covid-19: Hágase la última pandemia”, llamó a una financiación más sólida, mejores sistemas de alerta temprana y una mayor autosuficiencia regional [148]. Informes posteriores, incluido “No Time To Gamble” (2024), han continuado monitoreando el progreso e instando a una acción acelerada en la preparación para pandemias [149].
Las reformas legales y normativas también están avanzando. En junio de 2024, la Asamblea Mundial de la Salud adoptó un paquete decisivo de enmiendas a las Regulaciones Sanitarias Internacionales (RSI), mejorando las obligaciones de los países para detectar, evaluar y notificar eventos de salud pública [70]. Las negociaciones simultáneas sobre un nuevo tratado pandémico buscan establecer compromisos vinculantes para la prevención, preparación y respuesta ante pandemias, reforzando la autoridad normativa de la OMS [151].
En conjunto, estas reformas posicionan a la OMS para cumplir mejor su mandato en una era de amenazas sanitarias complejas. Al construir sobre los compromisos de los Estados miembros, aprovechar las lecciones de revisiones independientes y avanzar en marcos legales como las enmiendas a las RSI y el tratado pandémico, la OMS se dirige hacia un sistema de salud global más resistente, equitativo y receptivo.