Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) son la principal agencia nacional de de los , dependiente del Departamento de Salud y Servicios Humanos. Fundados el 1 de julio de 1946 en Atlanta, Georgia, bajo el nombre original de Communicable Disease Center, su misión inicial era erradicar el en el sur del país, heredando el trabajo del programa Malaria Control in War Areas de la . Desde entonces, su mandato se ha ampliado enormemente para abarcar la vigilancia, prevención y control de enfermedades infecciosas y crónicas, la promoción de la , la seguridad alimentaria, la prevención de lesiones y violencias, y la preparación ante emergencias sanitarias [1]. Los CDC desempeñan un papel crucial en la mediante sistemas como el Sistema de Alerta Sanitaria y el enfoque 7-1-7 para detección rápida de epidemias, además de liderar investigaciones científicas en laboratorios de alta contención y desarrollar herramientas como para rastrear brotes alimentarios. Su intervención en crisis globales como la pandemia de , el virus del , la o la ha sido fundamental, coordinando respuestas con organismos internacionales como la OMS, el y la OPS [2]. A través del , forman expertos en campo en todo el mundo, y promueven campañas de prevención como Tips From Former Smokers que han ayudado a millones a dejar de fumar [3]. En 2024, los CDC aprobaron el uso del en programas de vacunación de rutina y lanzaron un plan continental para combatir las en África [4]. A pesar de su influencia, han enfrentado desafíos políticos, como la interferencia durante la administración Trump, que afectó la independencia científica del informe MMWR [5], y tensiones recientes por el retiro de EE.UU. de la OMS. Su modelo operativo centralizado contrasta con el enfoque normativo de la OMS o el sistema descentralizado de Santé publique France, y su capacidad para adaptar mensajes a contextos culturales, como en países francófonos, es clave para luchar contra la desinformación [6].

Historia y creación

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) fueron fundados oficialmente el 1 de julio de 1946 en Atlanta, Georgia, como una agencia federal de de los . Su creación respondió a una necesidad urgente de controlar enfermedades infecciosas que amenazaban la población, especialmente en el sur del país. Inicialmente, la institución adoptó el nombre de Communicable Disease Center (Centro de Lucha contra las Enfermedades Transmisibles), reflejando su enfoque primario en la erradicación de enfermedades contagiosas [7].

Fundación y misión inicial

La principal motivación detrás de la creación de los CDC fue la lucha contra el , una enfermedad endémica en el sur de Estados Unidos que afectaba gravemente a la población civil y a las tropas durante la . Para abordar esta amenaza, se había establecido previamente el programa Malaria Control in War Areas (MCWA), cuyo objetivo era proteger a las bases militares y a las comunidades cercanas mediante la fumigación con y la eliminación de criaderos de mosquitos [8]. Tras la guerra, se decidió transformar este programa temporal en una agencia permanente, sentando así las bases de los CDC.

El arquitecto clave de esta transición fue el Dr. Joseph W. Mountin, un influyente funcionario del , quien impulsó la creación de una institución con mandato amplio para enfrentar no solo el paludismo, sino también otras enfermedades infecciosas emergentes [9]. El establecimiento del organismo en Atlanta no fue casual: su ubicación estratégica en el sur del país permitía un acceso directo a las zonas más afectadas por el paludismo, facilitando así la implementación de campañas de control y vigilancia epidemiológica.

Evolución del mandato y expansión de funciones

Aunque el objetivo inicial se centraba en el control del paludismo, el mandato de los CDC se amplió rápidamente a lo largo de las décadas. La agencia pasó de ser un organismo enfocado exclusivamente en enfermedades infecciosas a convertirse en una institución integral de , con responsabilidades que abarcan la prevención de enfermedades crónicas, la , la seguridad alimentaria, la prevención de lesiones y violencias, y la preparación ante . Este crecimiento refleja la evolución de las amenazas a la salud, desde brotes infecciosos hasta desafíos complejos como la , el y la resistencia a los antimicrobianos [1].

Este cambio de enfoque fue impulsado por crisis sanitarias clave, como la epidemia de en los años 80, las pandemias de y la crisis global de , que exigieron una respuesta más amplia y coordinada. La agencia también desarrolló herramientas innovadoras, como el (Health Alert Network) y el enfoque 7-1-7 para la detección temprana de epidemias, consolidando su papel como líder en vigilancia epidemiológica y respuesta rápida [11].

Cambios institucionales y reconocimiento global

A lo largo de su historia, los CDC han experimentado varios cambios de nombre y estructura para reflejar su evolución. En 1970, se renombró como Center for Disease Control, eliminando la referencia específica a enfermedades transmisibles. Finalmente, en 1980, adoptó su nombre actual: Centers for Disease Control and Prevention, reconociendo explícitamente su doble misión de control y prevención de enfermedades [7].

Desde su fundación, los CDC han mantenido una estrecha colaboración con instituciones científicas como el , con quien firmaron una declaración de intención en 2009 para fortalecer la cooperación técnica en salud pública [13]. Además, han desempeñado un papel clave en redes internacionales como el (IPSN), en coordinación con la OMS, para mejorar la detección global de amenazas infecciosas [14].

Hoy en día, los CDC son reconocidos como una institución fundamental en la gobernanza de la salud global, aunque su influencia ha sido afectada por tensiones políticas recientes, como la decisión del gobierno estadounidense de retirarse de la OMS, lo que ha generado preocupaciones sobre la coherencia y continuidad de la cooperación internacional en salud [15]. A pesar de estos desafíos, su legado como agencia pionera en vigilancia epidemiológica y prevención de enfermedades sigue siendo fundamental para la seguridad sanitaria nacional e internacional.

Misión y funciones principales

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) tienen como misión principal proteger la salud pública y la seguridad de la población de los , así como contribuir a la salud global mediante la prevención y el control de enfermedades, lesiones y discapacidades [16]. Dependientes del Departamento de Salud y Servicios Humanos, los CDC operan como una agencia federal clave en la vigilancia, investigación, intervención y comunicación de riesgos en el ámbito de la . Su enfoque se basa en los 10 servicios esenciales de salud pública, que incluyen la vigilancia epidemiológica, la evaluación de necesidades sanitarias, la promoción de políticas basadas en evidencia y la garantía de acceso equitativo a servicios preventivos [17].

Prevención y control de enfermedades infecciosas y crónicas

Uno de los pilares fundamentales de la misión de los CDC es la prevención y control de enfermedades infecciosas y crónicas. La agencia supervisa activamente enfermedades como la , la , el , la , el y la [18]. Desarrolla estrategias de vacunación, fortalece la vigilancia epidemiológica y apoya iniciativas de detección y tratamiento. Entre sus programas destacados se encuentra el programa STOP (Stop Transmission of Polio), que apoya la erradicación global de la poliomielitis mediante el fortalecimiento de los sistemas de vacunación y vigilancia [19]. Además, los CDC han aprobado recientemente el uso de la en programas de vacunación de rutina, en colaboración con el Instituto de Investigación Médica de Kenia [4].

En el ámbito de las enfermedades crónicas, los CDC abordan problemas como la obesidad, el , las enfermedades cardiovasculares y las adicciones. Promueven estilos de vida saludables, como la alimentación equilibrada y la actividad física, y han liderado campañas nacionales efectivas para reducir el tabaquismo, como Tips From Former Smokers, que ayudó a más de 640 000 personas a dejar de fumar entre 2012 y 2018 [21]. Aunque algunos de estos programas han enfrentado recortes presupuestarios, su impacto en la salud pública ha sido significativo [22].

Vigilancia epidemiológica y detección temprana

Los CDC son líderes mundiales en vigilancia epidemiológica y detección temprana de amenazas sanitarias. Utilizan sistemas avanzados como el Sistema de Alerta Sanitaria (HAN), que permite la difusión rápida de alertas sanitarias a profesionales de la salud, laboratorios y autoridades locales [23]. Además, implementan el enfoque 7-1-7, que busca detectar una amenaza epidémica en 7 días, notificarla en 1 día y responder en 7 días, acelerando así la contención de brotes [11].

La agencia también emplea tecnologías innovadoras como la vigilancia genómica, que permite secuenciar patógenos para rastrear su evolución y transmisión. Por ejemplo, esta herramienta fue crucial durante la pandemia de para monitorear variantes emergentes [25]. El sistema , gestionado por los CDC, utiliza tipificación molecular para identificar y vincular casos de infecciones alimentarias, facilitando la detección de brotes en tiempo real [26].

Respuesta a emergencias sanitarias y gestión de crisis

Los CDC desempeñan un papel central en la respuesta a emergencias sanitarias, desde pandemias hasta desastres naturales. Al declararse una emergencia, activan su Centro de Operaciones de Emergencia (EOC), que opera las 24 horas del día para coordinar la respuesta en tiempo real [27]. Este centro utiliza un sistema de gestión de incidentes (IMS) para garantizar una comunicación fluida, una jerarquía clara y una asignación eficiente de recursos [28].

El (EIS) es una de las herramientas más emblemáticas de los CDC. Este programa forma a expertos en campo que pueden desplegarse rápidamente tanto dentro como fuera de Estados Unidos para investigar brotes, fortalecer la vigilancia local y ayudar a implementar medidas de control [29]. Durante la epidemia de mpox en África, por ejemplo, el CDC-Africa coordinó planes de respuesta que incluyeron el fortalecimiento de la vigilancia, la aprobación de pruebas diagnósticas locales y la vacunación dirigida [30].

Promoción de la salud ambiental y prevención de lesiones

Además de las enfermedades infecciosas, los CDC intervienen en la salud ambiental, la seguridad alimentaria y la prevención de lesiones y violencia. Evalúan riesgos ambientales como la contaminación del aire y del agua, la exposición a productos químicos y los efectos del en la salud [31]. También desarrollan políticas y programas para prevenir lesiones no intencionadas, como los accidentes de tráfico, así como formas de violencia como la violencia doméstica, los tiroteos y el suicidio, basándose en datos epidemiológicos e intervenciones basadas en evidencia [18].

En el ámbito laboral, los CDC promueven la seguridad en el trabajo mediante investigaciones y recomendaciones para prevenir enfermedades ocupacionales y accidentes. Estas iniciativas se integran en un enfoque más amplio de salud pública que reconoce los determinantes sociales de la salud, incluyendo factores económicos, culturales y ambientales que afectan el bienestar de las comunidades.

Investigación científica y desarrollo de herramientas innovadoras

La investigación científica es un componente esencial de la misión de los CDC. La agencia realiza estudios en epidemiología, microbiología, salud ambiental y comportamientos de salud. Desarrolla herramientas diagnósticas, evalúa la eficacia de vacunas y tratamientos, y utiliza tecnologías avanzadas como la genómica para comprender mejor las amenazas infecciosas [4]. Estos esfuerzos no solo benefician a Estados Unidos, sino que también respaldan iniciativas globales, como el Agenda de Seguridad Sanitaria Mundial (GHSA), que busca fortalecer las capacidades de prevención, detección y respuesta en más de 50 países [34].

Colaboración internacional y salud global

Los CDC desempeñan un papel fundamental en la salud global, actuando a través de su Centro de Salud Global para prevenir, detectar y responder a amenazas sanitarias en todo el mundo [2]. Han fortalecido las capacidades sanitarias en más de 60 países en colaboración con la USAID, mejorando la vigilancia, los laboratorios y la respuesta a brotes [34]. Además, son un Centro Colaborador de la OMS, especialmente en la vigilancia de la gripe, y participan en redes globales como el , que utiliza la genómica para detectar amenazas emergentes [14].

En 2024, los CDC lanzaron un plan estratégico continental en África para combatir las , en coordinación con la y el [38]. Ese mismo año, respondieron a más de 70 brotes epidémicos en todo el mundo, lo que demuestra su papel crucial en la gobernanza sanitaria global [39]. También han firmado más de 60 acuerdos de cooperación con países como el Reino Unido, Japón y los Países Bajos para fortalecer la preparación ante pandemias [40].

Comunicación de riesgos y educación del público

La comunicación de riesgos es una función crítica de los CDC. Informan al público y a los profesionales de la salud mediante informes científicos, campañas de sensibilización, aplicaciones móviles y plataformas en línea [41]. Adaptan sus mensajes a contextos culturales y lingüísticos, ofreciendo recursos oficiales en francés para comunidades francófonas, como folletos sobre los síntomas de la y la [42]. Reconocen que la traducción no es suficiente y promueven la adaptación cultural de los mensajes para garantizar su relevancia y aceptación [43].

Los CDC también evalúan la eficacia de sus comunicaciones mediante encuestas, análisis de tráfico web y estudios de impacto comportamental. Tras las críticas por mensajes percibidos como confusos durante la pandemia de , han implementado reformas para mejorar la transparencia, la claridad y la rapidez de sus comunicaciones [44]. Aunque la confianza pública ha fluctuado, especialmente tras interferencias políticas, los CDC continúan trabajando para restaurar su credibilidad como fuente confiable de información sanitaria [45].

Vigilancia epidemiológica y detección temprana

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) son líderes mundiales en el desarrollo y la implementación de sistemas avanzados de vigilancia epidemiológica y detección temprana de amenazas sanitarias. Su enfoque combina tecnología de vanguardia, análisis de datos en tiempo real y colaboración internacional para identificar rápidamente brotes de enfermedades y coordinar respuestas efectivas [23]. Este sistema integral permite a los CDC actuar como una sentinela global, protegiendo no solo la salud pública de los , sino también contribuyendo a la seguridad sanitaria mundial.

Sistemas de vigilancia y redes de alerta rápida

Uno de los pilares fundamentales de la detección temprana es el Sistema de Alerta Sanitaria (HAN), la plataforma principal de los CDC para difundir alertas sanitarias urgentes a profesionales de la salud, laboratorios y autoridades locales. Este sistema garantiza que la información crítica sobre brotes, patógenos emergentes o riesgos ambientales se distribuya de manera rápida y coordinada [23]. Complementariamente, los CDC promueven el enfoque 7-1-7, que establece como meta detectar una amenaza epidémica en 7 días, reportarla en 1 día y responder en 7 días, acelerando así significativamente la contención de focos infecciosos [11].

Además, el programa Emerging Infections Program (EIP) financia redes de vigilancia activa en múltiples estados para enfermedades como la (a través de COVID-NET), infecciones bacterianas invasivas y resistencias antimicrobianas. Estos sistemas permiten una recolección de datos más precisa y oportuna que los reportes pasivos tradicionales [49].

Herramientas tecnológicas y vigilancia genómica

Los CDC han revolucionado la vigilancia epidemiológica mediante el uso de tecnologías avanzadas. La vigilancia genómica es clave para rastrear la evolución de virus y bacterias, detectar variantes emergentes y comprender patrones de transmisión. Durante la pandemia de , esta capacidad permitió monitorear la aparición de variantes como Delta u Ómicron y adaptar rápidamente las recomendaciones de salud pública [25].

Otro sistema crucial es , una red nacional que utiliza tipificación molecular, como el secuenciamiento del ADN completo, para identificar y vincular casos de infecciones alimentarias. Al comparar perfiles genéticos de patógenos como Salmonella o E. coli, PulseNet puede detectar brotes antes de que se notifiquen clínicamente, facilitando intervenciones rápidas para retirar productos contaminados del mercado [26].

Vigilancia sindrómica y datos digitales

Para detectar señales de brotes incluso antes de los diagnósticos confirmados, los CDC emplean sistemas de vigilancia sindrómica, que analizan datos en tiempo casi real provenientes de servicios de urgencias, historiales médicos electrónicos y consultas clínicas. Estos datos permiten identificar aumentos inusuales de síntomas respiratorios, gastrointestinales o febriles, lo que puede anticipar la aparición de una epidemia [52].

El uso de sistemas de ayuda a la decisión informatizados también mejora la vigilancia, integrando automáticamente datos clínicos en plataformas de salud pública. Por ejemplo, herramientas digitales han sido implementadas para mejorar la detección de casos de neumonía comunitaria, facilitando una respuesta más ágil ante posibles brotes [53].

Colaboración internacional y redes globales

La detección temprana es una tarea global, y los CDC colaboran estrechamente con la OMS y otras instituciones internacionales. Participan activamente en el Réseau international de surveillance des agents pathogènes (IPSN), una iniciativa de la OMS que utiliza la genómica para detectar y prevenir amenazas infecciosas en todo el mundo [14]. Esta colaboración permite el intercambio de datos virales y el fortalecimiento de capacidades de laboratorio en países con sistemas de salud más frágiles.

Además, los CDC apoyan a través de programas como el Global Health Security Agenda (GHSA), que busca fortalecer la capacidad de más de 50 países para prevenir, detectar y responder a amenazas infecciosas. Esta inversión en vigilancia global es esencial para contener brotes locales antes de que se conviertan en pandemias [55].

Análisis epidemiológico y estudios de campo

El análisis riguroso de datos es esencial para interpretar la información de vigilancia. Los CDC utilizan métodos como estudios caso-control para identificar factores de riesgo durante brotes, estudios de cohorte para rastrear la incidencia de enfermedades y estudios transversales para evaluar la prevalencia. Estas metodologías permiten orientar intervenciones de salud pública con precisión [56].

En situaciones de emergencia, el despliega equipos de respuesta rápida para realizar investigaciones de campo, fortalecer la vigilancia local y contener brotes. Estos equipos, formados bajo el modelo del Epidemic Intelligence Service, son fundamentales para traducir datos en acciones concretas en terreno [57].

Respuesta a emergencias sanitarias

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) desempeñan un papel fundamental en la coordinación y ejecución de respuestas a emergencias sanitarias, tanto a nivel nacional como internacional. Su capacidad para movilizar rápidamente recursos, expertos y sistemas de vigilancia los convierte en un actor clave en la contención de amenazas sanitarias, desde pandemias hasta brotes locales. El Centro de Operaciones de Emergencia (EOC) de los CDC se activa 24 horas al día durante crisis, implementando un estructurado que asegura una cadena de mando clara, comunicación fluida y asignación eficiente de recursos [27]. Este modelo operativo ha sido crucial en respuestas anteriores, como durante la epidemia de en 2014, donde un sistema similar mejoró la coordinación entre múltiples actores en Liberia [59].

Despliegue de equipos de respuesta rápida

Una de las herramientas más efectivas de los CDC en emergencias es el despliegue de equipos especializados, como las , que pueden movilizarse para realizar investigaciones epidemiológicas, fortalecer la vigilancia local y apoyar la implementación de medidas de control. Estos equipos operan tanto dentro de los como en el extranjero, en colaboración con autoridades locales. Por ejemplo, durante la epidemia de en África en 2024, el coordinó un plan de respuesta que incluyó el refuerzo de la vigilancia, la aprobación de pruebas diagnósticas locales (como la prueba PCR marroquí) y la vacunación focalizada [30]. Además, el (EIS) forma a expertos en campo que son enviados a zonas afectadas para contener brotes de manera inmediata, demostrando el enfoque operativo y práctico de la agencia [29].

Vigilancia epidemiológica y análisis de datos en tiempo real

La vigilancia epidemiológica en tiempo real es un pilar central de la respuesta de los CDC a emergencias. La agencia recopila, analiza y difunde datos sobre la circulación de patógenos, la actividad viral y el impacto sanitario, utilizando herramientas avanzadas como el Sistema de Alerta Sanitaria (HAN), que permite la rápida difusión de alertas críticas a profesionales de la salud, laboratorios y responsables de salud pública [23]. Este sistema es esencial para la coordinación de respuestas durante epidemias. Asimismo, el enfoque 7-1-7 —detectar una amenaza en 7 días, reportarla en 1 día y responder en 7 días— mejora la capacidad global de contención rápida de brotes [11]. Durante la pandemia de , los CDC actualizaron protocolos de triaje y prevención de la transmisión en centros de salud, tanto en Estados Unidos como en contextos internacionales, demostrando su capacidad para adaptar directrices basadas en datos en evolución [64].

Coordinación nacional e internacional

Los CDC desempeñan un rol esencial en la coordinación interagencial y en la colaboración internacional. A nivel nacional, trabajan estrechamente con departamentos federales, locales de salud, hospitales y laboratorios. En el ámbito global, colaboran con organismos como la OMS, el , , y la OIM dentro del marco del (GOARN) [65]. Iniciativas como el (JEAP) entre la OMS y el Africa CDC buscan fortalecer la resiliencia de los sistemas de salud ante emergencias en África [66]. Además, los CDC han firmado más de 60 acuerdos bilaterales con países como el Reino Unido, Japón y los Países Bajos para reforzar la preparación ante pandemias y la seguridad sanitaria [40].

Comunicación de riesgos y apoyo a políticas públicas

La comunicación efectiva con el público y los profesionales de la salud es otro componente crítico de la respuesta a emergencias. Los CDC elaboran directrices basadas en evidencia científica, como protocolos de triaje o medidas de control de infecciones, que sirven como referencia para los sistemas de salud nacionales [68]. Sin embargo, la pandemia de COVID-19 expuso desafíos en la claridad y coherencia de los mensajes, lo que alimentó la desinformación y redujo la confianza pública. Un sondeo de 2026 reveló que solo el 48 % de los estadounidenses confiaba en las recomendaciones del CDC sobre vacunas pediátricas [45]. En respuesta, los CDC han implementado reformas para mejorar la transparencia, la velocidad de comunicación y el diálogo bidireccional con las comunidades, reconociendo que la gestión de la incertidumbre científica es esencial para mantener la credibilidad [44].

Desafíos y limitaciones

A pesar de su experiencia, los CDC enfrentan limitaciones derivadas de factores políticos, presupuestarios e institucionales. La interferencia política, especialmente durante la administración Trump, afectó la independencia científica del informe MMWR y llevó a la eliminación de miles de páginas de datos científicos del sitio web de la agencia [5]. En 2025, los CDC fueron obligados a suspender todas sus actividades con la OMS tras la decisión del gobierno estadounidense de retirarse de la organización, lo que debilitó la cooperación global en salud [72]. Además, recortes presupuestarios recientes han amenazado programas clave, como los de prevención del tabaquismo, a pesar de su éxito comprobado [22]. Estos desafíos subrayan la necesidad de proteger la autonomía científica y garantizar un financiamiento estable para mantener la eficacia de los CDC en futuras emergencias sanitarias.

Prevención de enfermedades e innovación

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) desempeñan un papel fundamental en la prevención de enfermedades y la promoción de la innovación científica para proteger la salud pública tanto a nivel nacional como internacional. A través de campañas de prevención basadas en evidencia, programas de vacunación, desarrollo de tecnologías de vigilancia y estrategias de educación sanitaria, los CDC han logrado impactos medibles en la reducción de la transmisión de enfermedades infecciosas y crónicas. Su enfoque combina ciencia rigurosa, datos locales y colaboración con instituciones de salud para diseñar intervenciones efectivas y culturalmente adaptadas.

Estrategias de prevención basadas en evidencia

Una de las herramientas más eficaces de los CDC en la prevención de enfermedades es la vacunación. Durante la pandemia de , los CDC evaluaron la eficacia de las vacunas de y en aproximadamente un 90 % para prevenir infecciones y reducir la transmisión comunitaria [74]. Estas evidencias científicas fueron fundamentales para justificar campañas de vacunación masiva que ayudaron a disminuir la carga hospitalaria y proteger a las poblaciones vulnerables. En 2024, los CDC aprobaron el uso de la desarrollada en colaboración con el , integrándola en los programas de vacunación de rutina en regiones endémicas [4].

Además, los CDC han implementado programas rigurosos para reducir las (IAS), como las infecciones del sitio quirúrgico y las bacteriemias relacionadas con catéteres. El informe Current HAI Progress Report del CDC muestra una disminución continua en estas infecciones gracias a la adopción generalizada de protocolos de control, como la desinfección ambiental, la higiene de manos y la vigilancia activa [76]. Estas prácticas se han promovido a nivel nacional y han servido como modelo en otros países.

Campañas de educación y cambio de comportamiento

Los CDC han demostrado una capacidad comprobada para influir en el comportamiento de salud pública mediante campañas educativas dirigidas. La campaña , lanzada en 2012, permitió que más de 640 000 personas dejaran de fumar entre 2012 y 2018, evitando cerca de 130 000 muertes prematuras relacionadas con el tabaquismo [21]. Aunque el tabaquismo no es una enfermedad infecciosa, esta campaña ejemplifica el poder de la comunicación en salud pública para modificar conductas de riesgo.

Durante las temporadas de gripe y la pandemia de , los CDC difundieron medidas no farmacológicas simples pero efectivas, como el lavado de manos, la cobertura de la tos y el aislamiento en caso de síntomas. Estas intervenciones ayudaron a reducir la transmisión de enfermedades respiratorias, como lo demuestran los niveles moderados a bajos de actividad viral reportados en sus informes recientes [78]. Para mejorar la efectividad, los CDC utilizan datos locales del programa , que proporciona estimaciones de salud pública a nivel comunitario, permitiendo adaptar los mensajes según las disparidades regionales en tabaquismo, obesidad o acceso a la atención [79].

Innovación científica y tecnológica

Los CDC lideran la investigación científica en áreas clave como la epidemiología, la microbiología y la salud ambiental. Desarrollan herramientas diagnósticas, evalúan la eficacia de vacunas y tratamientos, y aplican tecnologías avanzadas como la de patógenos para comprender y contrarrestar amenazas infecciosas [4]. El sistema , gestionado por los CDC, utiliza el tipado molecular (como la electroforesis en campo pulsado y el secuenciamiento del ADN completo) para detectar brotes alimentarios en tiempo real, facilitando la identificación de fuentes comunes de infección [26].

Además, los CDC participan en el , que financia redes activas de vigilancia para enfermedades como la , infecciones bacterianas invasivas y resistencia a los antibióticos [49]. En 2024, el CDC también publicó hitos revisados en el desarrollo infantil, utilizados por profesionales de la salud para detectar precozmente trastornos del desarrollo [83].

Lucha contra la desinformación y adaptación cultural

La eficacia de las campañas de prevención depende no solo de la ciencia, sino también de la capacidad para comunicarse con comunidades diversas. Los CDC traducen y adaptan culturalmente sus mensajes para audiencias francófonas, produciendo materiales en francés sobre temas como los síntomas de la y la varicela del mono (mpox) [42]. Esta adaptación cultural es esencial para garantizar la relevancia y aceptabilidad de los mensajes en contextos sociales y lingüísticos variados [43].

Para combatir la desinformación, los CDC colaboran con la OMS y el en iniciativas como el desarrollo del videojuego educativo Bad Vaxx, financiado por la , que enseña a los jóvenes a reconocer mecanismos de desinformación sobre vacunas [86]. También apoyan a 17 países africanos en la elaboración de planes de vacunación contra la mpox, integrando componentes de comunicación y gestión de rumores [87].

A pesar de sus éxitos, los CDC enfrentan desafíos persistentes, como la reducción de financiamiento a programas clave de prevención del tabaquismo, lo que podría comprometer los avances logrados [22]. La sostenibilidad de sus logros depende de un financiamiento estable, una comunicación clara y una colaboración continua con socios internacionales para mantener la confianza del público y responder eficazmente a las amenazas sanitarias emergentes.

Colaboración internacional y salud global

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) desempeñan un papel fundamental en la salud pública global, actuando como un actor clave en la coordinación internacional de la respuesta sanitaria, el fortalecimiento de sistemas de salud y la prevención de amenazas infecciosas transfronterizas. Su labor internacional se basa en una red extensa de colaboraciones con organismos multilaterales, agencias regionales, gobiernos nacionales y organizaciones no gubernamentales, con el objetivo de mejorar la vigilancia epidemiológica, la preparación ante emergencias y la equidad en salud [89].

Colaboración con organismos internacionales y regionales

La colaboración entre los CDC y la Organización Mundial de la Salud (OMS) es un pilar central de su estrategia global. Los CDC son un para la vigilancia de la gripe y otras enfermedades infecciosas, contribuyendo al monitoreo virológico mundial que orienta la formulación de vacunas estacionales [90]. Además, participan activamente en iniciativas globales como el Red Internacional de Vigilancia de Agentes Patógenos (IPSN), que utiliza la genómica para detectar amenazas emergentes [14]. En 2024, los CDC y la OMS apoyaron a 17 países africanos en la elaboración de planes de vacunación contra la mpox, optimizando el uso de dosis y priorizando poblaciones en riesgo [87].

Los CDC también mantienen una alianza estratégica con el , la agencia sanitaria de la Unión Africana, para fortalecer la soberanía sanitaria del continente. Esta colaboración incluye el desarrollo de capacidades en laboratorios, vigilancia epidemiológica y respuesta a emergencias, así como el apoyo a la fabricación local de vacunas. En septiembre de 2024, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y el Africa CDC reforzaron su cooperación para mejorar el acceso a medicamentos y vacunas esenciales, promover la innovación y armonizar regulaciones regionales [93]. Asimismo, el Africa CDC firmó un memorando de entendimiento con la IAVI para impulsar la investigación sobre vacunas [94].

Cooperación bilateral y fortalecimiento de capacidades

Los CDC han establecido más de 60 acuerdos bilaterales con países como el Reino Unido, Japón y los Países Bajos para reforzar la preparación pandémica y la seguridad sanitaria global [40]. Un ejemplo destacado es el acuerdo firmado en febrero de 2026 entre Estados Unidos y la República Democrática del Congo (RDC), que incluye un compromiso financiero de 1.200 millones de dólares para fortalecer de forma sostenible el sistema de salud del país, en el marco de la estrategia "America First Global Health" [96].

El fortalecimiento de capacidades locales es un componente esencial de su enfoque. A través del Programa de Formación en Epidemiología de Campo (FETP), los CDC capacitan a profesionales de salud pública en más de 80 países, desarrollando habilidades en vigilancia, investigación y respuesta a brotes [97]. En Camerún, por ejemplo, los CDC han estado presentes desde 2004, apoyando programas contra el , la y el , así como la respuesta a la pandemia de [98].

Respuesta a emergencias sanitarias internacionales

Los CDC son un actor operativo clave en las crisis sanitarias globales, activando su Centro de Operaciones de Emergencia (EOC) para coordinar respuestas 24/7. Participan activamente en el Red Mundial de Alerta y Respuesta a Brotes (GOARN), una coalición liderada por la OMS que moviliza recursos técnicos internacionales [65]. En 2025, una delegación de los CDC evaluó programas de seguridad sanitaria en Sierra Leona y Guinea tras un brote de fiebre hemorrágica en Boké [100].

En África, los CDC han liderado esfuerzos para contener brotes de mpox, apoyando la aprobación de pruebas diagnósticas locales, como la prueba PCR marroquí, y promoviendo estrategias de vacunación focalizada [30]. Su informe anual de 2024 destaca que respondieron a más de 70 brotes epidémicos en todo el mundo, subrayando su papel central en la gobernanza sanitaria global [39].

Desafíos éticos, políticos y de comunicación

A pesar de su influencia, las colaboraciones internacionales de los CDC enfrentan desafíos significativos. En 2025, el gobierno de Estados Unidos ordenó a los CDC suspender todas sus actividades con la OMS en previsión de una retirada formal de la organización en 2026, una medida que generó preocupación por su impacto en la salud global [72]. Este tipo de decisiones políticas puede afectar la participación de los CDC en grupos técnicos y consejos consultivos de la OMS.

Además, han surgido tensiones sobre la equidad en el intercambio de datos y patógenos. El director del Africa CDC expresó en 2026 "serias preocupaciones" sobre acuerdos de salud entre Estados Unidos y países africanos que podrían perpetuar un modelo de explotación de recursos biológicos sin beneficios equitativos para los países donantes [104]. Estas críticas subrayan la necesidad de una mayor transparencia y justicia en las colaboraciones internacionales.

Adaptación cultural y lucha contra la desinformación

Los CDC adaptan sus mensajes a contextos culturales y lingüísticos diversos, incluyendo la producción de materiales en francés para públicos en África, el Caribe y Estados Unidos. Recursos como folletos sobre los síntomas del o la prevención de la mpox están disponibles en francés, con un enfoque en la adaptación cultural para garantizar su relevancia y aceptabilidad [42]. Colaboran con organizaciones como la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en programas que integran la movilidad humana en la seguridad sanitaria, por ejemplo, en Sierra Leona [106].

Para combatir la desinformación, los CDC participan en iniciativas como el videojuego educativo , financiado por la Unión Europea y diseñado para enseñar a los jóvenes a identificar tácticas de desinformación sobre vacunas [86]. Su enfoque se alinea con las recomendaciones de la OMS sobre la comunicación de riesgos, que enfatiza la transparencia, el diálogo bidireccional y la participación comunitaria para construir confianza [108].

Comunicación de riesgos y lucha contra la desinformación

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) desempeñan un papel fundamental en la comunicación de riesgos durante crisis sanitarias, adaptando sus mensajes a contextos culturales y lingüísticos diversos, especialmente en regiones francófonas. A través de traducciones oficiales y materiales adaptados culturalmente, los CDC garantizan que la información sobre enfermedades como la y la sea accesible para poblaciones francófonas en Estados Unidos, África, el Caribe y más allá [109]. Entre los recursos disponibles en francés se incluyen guías sobre síntomas del coronavirus [42], recomendaciones para personas enfermas [111] y explicaciones sobre la mpox [112], diseñados para su uso tanto en contextos nacionales como internacionales.

Adaptación cultural y equidad en la comunicación

La estrategia de comunicación de los CDC va más allá de la simple traducción, incorporando principios de para asegurar que los mensajes sean relevantes y aceptados por las comunidades. Esta aproximación, alineada con las recomendaciones del Centro europeo de prevención y de control de enfermedades (ECDC), reconoce que factores como las creencias sociales, el nivel de alfabetización en salud y las condiciones económicas influyen en la recepción de la información [43]. Los CDC promueven una comunicación equitativa, considerando las desigualdades estructurales y diseñando materiales específicos para grupos vulnerables, como las poblaciones o [114]. Este enfoque centrado en la equidad fortalece la credibilidad y efectividad de las campañas de salud pública.

Lucha contra la desinformación en contextos francófonos

En África francófona y otras regiones, la desinformación representa un desafío significativo para las intervenciones sanitarias. Los CDC colaboran con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el para desarrollar estrategias conjuntas que contrarresten los mitos y rumores, especialmente en torno a las vacunas. Por ejemplo, en 2024, los CDC y la OMS apoyaron a 17 países africanos en la elaboración de planes de vacunación contra la mpox, integrando componentes de comunicación y gestión de rumeurs [87]. En , los CDC trabajan con la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en un programa de seguridad sanitaria que incluye el monitoreo de flujos de información y la respuesta a desinformación relacionada con epidemias [106]. Además, se han desarrollado herramientas innovadoras como el videojuego educativo , financiado par la Unión Europea y los CDC, para enseñar a los jóvenes a identificar tácticas de desinformación sobre vacunas [86].

Evaluación de la eficacia y lecciones aprendidas

Los CDC evalúan la efectividad de sus comunicaciones mediante encuestas de opinión, análisis de tráfico web y estudios de impacto conductual. A pesar del éxito de campañas como Tips From Former Smokers, que contribuyó a que más de 640 000 personas dejaran de fumar entre 2012 y 2018 [21], la pandemia de expuso debilidades en la claridad y coherencia de los mensajes. Cambios frecuentes en las recomendaciones sobre el uso de mascarillas y la transmisión aérea alimentaron la confusión y la desconfianza. Un sondeo de 2026 reveló que solo el 48 % de los estadounidenses confiaba en las recomendaciones del CDC sobre vacunas infantiles, lo que refleja un declive en la credibilidad institucional [45]. Como respuesta, los CDC han implementado reformas para mejorar la transparencia, acelerar la difusión de datos y fomentar un diálogo bidireccional con las comunidades, reconociendo que comunicar las incertidumbres científicas es esencial para mantener la confianza [44].

Colaboración internacional y coherencia de mensajes

La coherencia de los mensajes es prioritaria en la coordinación internacional. Los CDC alinean sus comunicaciones con los Règlements sanitaires internationaux de la OMS y participan en iniciativas como la Red Mundial de Alerta e Intervención ante Epidemias (GOARN) para garantizar respuestas armonizadas. La colaboración con el y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) permite una estrategia coordinada que evita contradicciones y fortalece la confianza pública [121]. Esta alineación es crucial para combatir la infodemia, un fenómeno que la OMS ha identificado como una amenaza directa para los comportamientos de salud [122].

Desafíos políticos y éticos

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) han enfrentado desafíos éticos y políticos significativos que han puesto a prueba su independencia científica, la integridad de sus comunicaciones y su capacidad para actuar como una institución confiable en materia de . Estos desafíos se han intensificado durante administraciones políticas específicas, especialmente bajo la presidencia de , y han generado preocupación tanto a nivel nacional como internacional sobre el papel de la ciencia en la formulación de políticas de salud.

Interferencia política y erosión de la independencia científica

Uno de los desafíos más graves para los CDC ha sido la interferencia política directa en sus procesos científicos y de comunicación. Durante el primer mandato de , se documentaron múltiples intentos por parte del gobierno federal de retrasar, modificar o bloquear la publicación de informes científicos, particularmente durante la pandemia de [123]. Un informe del Subcomité Especial sobre la Pandemia reveló que la administración Trump politizó sistemáticamente la salud pública, censurando información sobre el virus y sometiendo los informes del CDC a revisiones no científicas [124]. Estas acciones fueron calificadas como un “asalto” a la agencia por parte de sus críticos.

La situación se agravó en 2025, con el regreso de Trump a la presidencia, cuando se ordenó la eliminación de miles de páginas web que contenían datos científicos federales, incluyendo información clave de los CDC [125]. Esta purga digital generó una movilización urgente de la comunidad científica para archivar los datos amenazados, temiendo una erosión permanente del conocimiento público. Además, se impuso la revisión política previa a la publicación de cualquier informe científico, lo que socavó la independencia editorial de los investigadores [126].

Censura de informes científicos y control de la comunicación

Un ejemplo emblemático de esta interferencia fue la suspensión del Morbidity and Mortality Weekly Report (MMWR), el informe científico semanal fundamental del CDC, ordenada por la administración Trump en 2025 [127]. Esta decisión no solo paralizó investigaciones cruciales, como las relacionadas con la , sino que también simbolizó una ruptura con la tradición de transparencia y difusión abierta de datos epidemiológicos. El MMWR, históricamente respetado por su rigor y autonomía, fue transformado en una herramienta sujeta a validación política, lo que generó críticas de medios como el y de exdirectores del CDC [5].

Purge de liderazgo y presión ideológica

En agosto de 2025, la directora de los CDC, , fue destituida tras negarse a seguir directrices no científicas, particularmente en materia de política vacunal [129]. Este despido, atribuido a desacuerdos con , una figura influyente en el Departamento de Salud conocida por sus posturas anti-vacunas, fue interpretado como una victoria del ideologismo sobre la experticia científica [130]. Informes internos indicaron que varios altos funcionarios del CDC fueron escoltados fuera del campus de Atlanta, lo que alimentó temores sobre un “viraje anti-ciencia” dentro de la agencia [131].

Impacto en la confianza pública y la salud global

La politización creciente de los CDC ha tenido consecuencias directas en la confianza del público. Según una encuesta del , la confianza en la agencia se encuentra en niveles históricamente bajos, especialmente tras cambios controvertidos en el calendario vacunal recomendado [45]. A nivel internacional, esta inestabilidad ha debilitado el liderazgo estadounidense en salud pública. En 2025, se anunció el retiro de Estados Unidos de la OMS, una decisión criticada como contraproducente para la seguridad sanitaria mundial [133].

El director de la OMS defendió públicamente a los CDC, advirtiendo sobre el riesgo de una “destrucción de la salud pública” si la agencia continúa sometida a presiones ideológicas [134]. Además, en 2025, los CDC fueron obligados a suspender todas sus actividades con la OMS, afectando la participación en grupos técnicos y consejos consultivos, lo que generó inquietud sobre el impacto en la respuesta a amenazas sanitarias globales [72].

Desafíos éticos en la cooperación internacional

Los CDC también enfrentan dilemas éticos en sus colaboraciones internacionales, especialmente en África. En 2026, el director de expresó serias preocupaciones sobre el intercambio desigual de datos y patógenos en acuerdos de salud entre Estados Unidos y países africanos, denunciando la falta de transparencia y equidad [104]. Estas tensiones reflejan un creciente enfoque en la , como lo demuestra la estrategia “America First Global Health” implementada en la República Democrática del Congo, que incluye un compromiso financiero de 1.200 millones de dólares para fortalecer el sistema de salud local [96].

Contraste con otras administraciones y reformas

En contraste, la administración de intentó restaurar la credibilidad de los CDC al reafirmar el papel de la ciencia en la política pública. En 2024, se asignaron más de 558 millones de dólares para mejorar la salud materna y fortalecer programas de visita domiciliaria, marcando un retorno a un enfoque basado en evidencia [138]. El Consejo de Asesores Científicos del Presidente (PCAST) también recomendó fortalecer el personal de salud pública y garantizar mayor independencia a las agencias sanitarias [139]. Sin embargo, estos esfuerzos se vieron amenazados por los retrocesos posteriores bajo Trump.

En respuesta a la pandemia de , los CDC implementaron reformas internas para mejorar la recopilación de datos, la transparencia y la comunicación con el público [44]. A pesar de ello, la recurrencia de presiones políticas subraya la necesidad de mecanismos institucionales más robustos para proteger la autonomía científica frente a los cambios en el poder político.

Impacto en la salud pública mundial

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) han ejercido una influencia profunda y duradera en la salud pública mundial, posicionándose como un actor clave en la vigilancia, prevención y respuesta a amenazas sanitarias transnacionales. Su impacto se extiende más allá de las fronteras de los , a través de una red extensa de colaboraciones con organismos internacionales, agencias regionales y gobiernos nacionales, especialmente en regiones con sistemas de salud vulnerables. La capacidad de los CDC para movilizar recursos técnicos, científicos y operativos los convierte en un pilar fundamental de la seguridad sanitaria global [2].

Liderazgo en la respuesta a crisis sanitarias internacionales

Los CDC han desempeñado un papel central en la contención de numerosas crisis sanitarias globales, desde la epidemia de en los años 80 hasta las recientes emergencias por , y la pandemia de . Durante la crisis de Ébola en África Occidental (2014-2016), los CDC activaron su Centro de Operaciones de Emergencia y desplegaron equipos especializados para fortalecer la vigilancia epidemiológica, implementar protocolos de control de infecciones y formar personal local, marcando un hito en su intervención operativa directa en el extranjero [142]. Esta experiencia sentó un precedente para futuras respuestas, como la gestión de brotes de virus Marburg en Ruanda, donde su colaboración con permitió levantar un aviso sanitario de nivel 3 tras una respuesta efectiva [143].

Durante la pandemia de , los CDC no solo coordinaron la respuesta nacional, sino que también apoyaron a más de 60 países en el fortalecimiento de sus capacidades de vigilancia, laboratorio y respuesta, en colaboración con la USAID [55]. En 2024, su informe anual destacó haber respondido a más de 70 brotes epidémicos en todo el mundo, lo que subraya su rol como fuerza de intervención rápida en la gobernanza sanitaria global [39].

Fortalecimiento de capacidades sanitarias globales

Uno de los aspectos más significativos del impacto de los CDC es su enfoque en el fortalecimiento sostenible de los sistemas de salud en países de ingresos bajos y medianos. A través de programas como el Programa de Formación en Epidemiología de Campo (FETP), los CDC han formado a miles de profesionales de salud pública en más de 80 países, creando una red global de expertos capacitados para detectar y responder a amenazas locales [97]. Este modelo de transferencia de conocimientos es fundamental para construir resiliencia a largo plazo frente a enfermedades emergentes.

Además, los CDC han impulsado iniciativas para mejorar la infraestructura de laboratorios, la vigilancia de enfermedades y la gestión de datos. En 2024, lanzaron un plan estratégico continental en África para combatir las , en coordinación con la y , lo que refleja un compromiso con la soberanía sanitaria africana y la reducción de la dependencia de sistemas externos [147].

{{Image|A global network of epidemiologists and public health experts collaborating in a high-tech CDC operations center, with digital maps showing disease outbreaks worldwide|Red global de expertos en epidemiología colaborando en un centro de operaciones de los CDC}

Colaboración estratégica con organismos internacionales

La eficacia de los CDC en el escenario mundial depende en gran medida de sus alianzas con organizaciones multilaterales. Son un Centro Colaborador de la OMS para la vigilancia de la gripe, contribuyendo con datos y cepas víricas para la formulación de vacunas estacionales [90]. También participan en redes globales como el Red Internacional de Vigilancia de Agentes Patógenos (IPSN), que utiliza la genómica para detectar amenazas infecciosas emergentes [14].

La colaboración con y la OPS es esencial para armonizar estrategias regionales. En 2024, la OPS y Africa CDC reforzaron su alianza para mejorar el acceso a medicamentos y vacunas esenciales, así como para apoyar la investigación e innovación en salud [93]. Asimismo, los CDC han firmado más de 60 acuerdos bilaterales con países como el Reino Unido, Japón y los Países Bajos para fortalecer la preparación pandémica [40].

Adaptación cultural y lucha contra la desinformación

El impacto global de los CDC también se manifiesta en su esfuerzo por adaptar sus mensajes a contextos culturales y lingüísticos diversos. Ofrecen recursos oficiales traducidos al francés, español y otros idiomas, como folletos sobre los síntomas de la o la prevención de la [42]. Reconocen que la traducción no es suficiente y promueven la adaptación cultural de los materiales, ajustando visuales, tono y contenido a las realidades locales para garantizar su relevancia y aceptabilidad [43].

En países francófonos como la o la , los CDC han apoyado campañas de vacunación masiva contra mpox y Ébola, integrando componentes de comunicación comunitaria para contrarrestar mitos y desinformación [154]. Colaboran con la OIM en programas de seguridad sanitaria que incluyen el seguimiento de rumores y la gestión de infodémicas, especialmente en zonas con alta movilidad humana [106].

Desafíos y tensiones en la gobernanza sanitaria global

A pesar de su influencia, el rol global de los CDC enfrenta desafíos significativos. Las tensiones políticas, como la decisión del gobierno estadounidense de retirarse de la OMS a partir de 2026, han obligado a los CDC a suspender temporalmente su colaboración con el organismo, lo que ha generado preocupación sobre el impacto en la salud mundial [15]. Además, el director de ha expresado serias preocupaciones sobre el intercambio desigual de datos y patógenos en acuerdos de salud con Estados Unidos, destacando la necesidad de mayor transparencia y equidad [104].

Estos desafíos subrayan que el impacto de los CDC no solo depende de su capacidad técnica, sino también de su credibilidad política y su compromiso con una gobernanza sanitaria global justa y colaborativa. Su futuro como actor global dependerá de su habilidad para navegar estas complejidades, mantener su independencia científica y restaurar la confianza en sus comunicaciones, especialmente en un contexto marcado por la desinformación y la polarización.

Referencias